Los escritores y la infancia: Federico García Lorca

Una selección poética

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Estos mis años todavía me parecen niños. Las emociones de la infancia están en mí. Yo no he salido de ellas. Los recuerdos, hasta los de mi más alejada infancia, son en mí un apasionado tiempo presente.

Federico García Lorca

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Tu Infancia en Mentón

Sí, tu niñez ya fábula de fuentes.
El tren y la mujer que llena el cielo.
Tu soledad esquiva en los hoteles
y tu máscara pura de otro signo.
Es la niñez del mar y tu silencio
donde los sabios vidrios se quebraban.
Es tu yerta ignorancia donde estuvo
mi torso limitado por el fuego.
Norma de amor te di, hombre de Apolo,
llanto con ruiseñor enajenado,
pero, pasto de ruina, te afilabas
para los breves sueños indecisos.
Pensamiento de enfrente, luz de ayer,
índices y señales del acaso.
Tu cintura de arena sin sosiego
atiende sólo rastros que no escalan.
Pero yo he de buscar por los rincones
tu alma tibia sin ti que no te entiende,
con el dolor de Apolo detenido
con que he roto la máscara que llevas.
Allí, león, allí, furia del cielo,
te dejaré pacer en mis mejillas;
allí, caballo azul de mi locura,
pulso de nebulosa y minutero,
he de buscar las piedras de alacranes
y los vestidos de tu madre niña,
llanto de medianoche y paño roto
que quitó luna de la sien del muerto.
Sí, tu niñez ya fábula de fuentes.
Alma extraña de mi hueco de venas,
te he de buscar pequeña y sin raíces.
¡Amor de siempre, amor, amor de nunca!
¡Oh, sí! Yo quiero. ¡Amor, amor! Dejadme.
No me tapen la boca los que buscan
espigas de Saturno por la nieve
o castran animales por un cielo,
clínica y selva de la anatomía.
Amor, amor, amor. Niñez del mar.
Tu alma tibia sin ti que no te entiende.
Amor, amor, un vuelo de la corza
por el pecho sin fin de la blancura.
Y tu niñez, amor, y tu niñez.
El tren y la mujer que llena el cielo.
Ni tú, ni yo, ni el aire, ni las hojas.
Sí, tu niñez ya fábula de fuentes.

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Balada de Caperucita (fragmento)

Y en el agua se marcha Caperucita roja,
en un lecho de espumas, de lirios y canciones,
dejando todo el bosque manchado de miradas
como gotas de luna o de estrellas sin nombre.

Llévame con el agua, Caperucita dulce,
Arráncame del pecho la flor de mis pasiones.
Hazme que viva el cuento de tu vieja casita.
Desde niño me encanta tu aventura del bosque.
Búscame las perdidas botas de siete leguas
Para escapar del reino trágico de los hombres
Y aguárdame sentada en la gloria del cuento
Junto con Pulgarcito y Cenicienta. Y gocen
Mis ojos contemplando tus ojos candorosos
Que no tuvieron nunca enfermedad de amores.
Llévame con el agua, Caperucita dulce,
Arráncame del alma la flor de mis pasiones.

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Narciso

Niño,
¡Que te vas a caer al rio!
En lo hondo hay una rosa
y en la rosa hay otro rio.
¡Mira aquel pájaro! ¡Mira
aquel pájaro amarillo!
Se me han caído los ojos dentro del agua.
¡Dios mío!
¡Que se resbala! ¡Muchacho!
… y en la rosa estoy yo mismo
Cuando se perdió en el agua
comprendí. Pero no explico.

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Infancia y muerte

Para buscar mi infancia, ¡Dios mío!
comí naranjas podridas, papeles viejos, palomares vacíos,
y encontré mi cuerpecito comido por las ratas,
en el fondo del aljibe y con las cabelleras de los locos.
Mi traje de marinero
no estaba empapado con el aceite de las ballenas,
pero tenía la eternidad vulnerable de las fotografías.
Ahogado, sí, bien ahogado. Duerme, hijito mío, duerme.
Niño vencido en el colegio y en el vals de la rosa herida,
asombrado con el alba oscura del vello sobre los muslos,
agonizando con su propio hombre que masticaba tabaco en su costado
siniestro.
Oigo un río seco lleno de latas de conserva
donde cantan las alcantarillas y arrojan las camisas llenas de sangre;
un río de gatos podridos que fingen corolas y anémonas
para engañar a la luna y que se apoye dulcemente en ellos.
Aquí solo con mi ahogado.
Aquí solo con la brisa de musgos fríos y tapaderas de hojalata.
Aquí sólo veo que ya me han cerrado la puerta.
Me han cerrado la puerta y hay un grupo de muertos
que juega al tiro al blanco, y otro grupo de muertos
que busca por la cocina las cáscaras de melón,
y un solitario, azul, inexplicable muerto
que me busca por las escaleras, que mete las manos en el aljibe
mientras los astros llenan de ceniza las cerraduras de las catedrales
y las gentes se quedan de pronto con todos las trajes pequeños.
Para buscar mi infancia, ¡Dios mío!,
comí limones estrujados, establos, periódicos marchitos.
Pero mi infancia era una rata que huía por un jardín oscur´isimo,
una rata satisfecha mojada por el agua simple,
y que llevaba un anda de oro entre los dientes diminutos.

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Gacela de la huida

A mi amigo Miguel Pérez Ferrero

Me he perdido muchas veces por el mar
con el oído lleno de flores recién cortadas,
con la lengua llena de amor y de agonía.
Muchas veces me he perdido por el mar,
como me pierdo en el corazón de algunos niños.

No hay noche que, al dar un beso,
no sienta la sonrisa de las gentes sin rostro,
ni hay nadie que, al tocar un recién nacido,
olvide las inmóviles calaveras de caballo.

Porque las rosas buscan en la frente
un duro paisaje de hueso
y las manos del hombre no tienen más sentido
que imitar a las raíces bajo tierra.

Como me pierdo en el corazón de algunos niños,
me he perdido muchas veces por el mar.
Ignorante del agua voy buscando
una muerte de luz que me consuma.

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Romance de la luna luna

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La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.

Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

Cómo canta la zumaya,
¡ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.

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Fuentes

Martín, Eutimio. Federico García Lorca para niños. Madrid: de la Torre, 1983.

Infancia y muerte. Disponible en: http://users.fulladsl.be/spb1667/cultural/lorca/poemas_sueltos/oda_al_santisimo_sacramento_del_altar/infancia_y_muerte.html

Poemas del alma. Disponible en: http://www.poemas-del-alma.com/tu-infancia-en-menton.htm

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Más información sobre Federico García Lorca y su obra

Antonio Mendoza Fillola. La imposible infancia recobrada de Federico García Lorca : las claves en “La balada de Caperucita” (1919). Disponible en: http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/02494929767616722754491/p0000001.htm

Federico García Lorca. Disponible en: http://users.fulladsl.be/spb1667/cultural/fglorca.html

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Algunos poemas para niños de Federico García Lorca

Lorca al alcance de los lectores infantiles. Disponible en: http://comunidad-escolar.cnice.mec.es/documentos/lorca/lorca5.html

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8 comentarios en “Los escritores y la infancia: Federico García Lorca

  1. -Poeta de sueños
    heridos, llorados
    Prosas mágicas, prosas de cantarines versos
    Cobijas de sortilegio arrullan
    tu noche, negra noche!
    Estrofas de alma traspasada y,
    Sueños.

    !no vuelvas!

    De verde hoja y limón menta y cielo
    Enlutadas Las Bernardas, tus Bernardas…
    pasean
    Ya, tu destino negro.

    – N.York te llora,y aún no te has ido
    Lorca, poeta

    ¡ no vuelvas!

    Pasar de años…y, el tiempo detenido.
    -Los soles, lunas y estrellas del orbe celeste…
    planetas, de mundos lejanos…
    firmamentos luminosos guardan celosos
    el recuerdo, tu recuerdo
    -Lorca, tus poemas y sueños.

    Poeta, tus versos llenos de luz de cielo
    HOY escribo de ti,y para tí…
    Poeta de eternidades…para siempre poeta……………marian

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