Querida Alejandría, de María García Esperón

Querida Alejandría es la novela histórica de María García Esperón que rescata del olvido y la indiferencia de la historia a Cleopatra Selene, hija de Cleopatra VII y Marco Antonio, y junto a ella su mundo.

El libro está dividido en cinco capítulos que se inician con las cinco primeras letras del alfabeto griego. Cada uno de esos capítulos es una carta que Cleopatra Selene le escribe a su ciudad Alejandría, también dividida en cinco barrios denominados por las mismas letras.

La protagonista, de 14 años, comienza su carta con el final, contándole a su ciudad que han decidido casarla con el príncipe Juba. De ahí en más se sumerge en su pasado y en su memoria con el objetivo de comprender qué sucedió con su familia, con su mundo, con su ciudad, ordenar sus ideas y sentimientos y transformar el curso de su historia.

Querida Alejandría:
Hoy cumplo catorce años y me han dicho que voy a casarme.
Te lo escribo con sencillez y con asombro.

Cleopatra Selene le escribe una carta al pasado y a su pasado, representado por su amada Alejandría. Le escribe a su biblioteca, a su faro, a su historia. Le escribe a su mundo -que se ha desmoronado- pero que llevará para siempre con ella.

Escribirte estas cartas que no han de cesar mientras viva, porque te extraño y sé que no volveré a verte. (…)
Porque te extraño, te sueño y reconstruyo tus calles y tus fragancias y los gritos de tus vendedores y tu lengua sorprendida en la encrucijada de los dioses. Te sueño y me fatigo porque tengo que inventarte y por un instante de felicidad intolerable te habito (…)
Tu sigue viva Alejandría.
Hazlo por mí.

Cleopatra Selene es una princesa en quien confluyen sangre egipcia y romana. Sin embargo, su lugar, su vida era Alejandría, Egipto, mundo que se desmorona ante sus ojos de niña. Tuvo que soportar la caída de Egipto en manos de Roma, el suicidio de sus padres, el asesinato de su amado hermano Cesarión, y enfrentarse a peligros, traiciones, el riesgo inminente de la muerte, sus miedos más profundos, la incertidumbre y el peso de su linaje.

Fue llevada a Roma junto a su gemelo Alejandro Helios y su hermanito Tolomeo como príncipes vencidos. Allí se les respetó el linaje pero eran rehenes de Roma. Recibieron un trato cariñoso de Octavia pero habitaban la casa y la tierra de quien acabó con su mundo y su familia. Además siendo sólo unos niños sufrieron la humillación de desfilar como vencidos envueltos en cadenas de oro ante el pueblo romano.

¿Qué pasa por la cabeza y el corazón de unos niños que fueron tomados por rehenes y llevados a la tierra de los saqueadores y vencedores? ¿Cómo y desde qué lugar reconstituir la propia historia personal y recuperar la identidad?
A través de las palabras de Cleopatra Selene a su querida Alejandría conoceremos la diferencia existente entre su visión y la de su hermano Alejandro Helios. ¿Cuál será la salida para cada uno de ellos? ¿Adaptarse a los nuevos tiempos, aceptar el cambio, aferrarse al pasado, rebelarse?

La novela de María García Esperón se instala en la segunda mitad del siglo I a.C, en tiempos en que Cleopatra VII intentaría resistir con todos sus recursos el ocaso de Egipto, en ese mundo oriental heredero de Alejandro Magno con cambios profundos y determinantes que posicionarían a Roma como un imperio poderoso en expansión.

Leyendo las cartas de Cleopatra Selene nos adentramos no sólo en ese tiempo sino también en el interior de una niña convertida ya en adolescente que conoce en Roma a su amor.

Yo lo amo.
Pero no estoy enamorada.
Para estar enamorada hay que ser joven, o tener joven el espíritu, y aunque hoy cumplo catorce años soy una anciana.

Cleopatra Selene se debatirá entre la angustia y la esperanza, entre el dolor y la felicidad del amor. ¿Egipto o Roma? ¿Su hermano o Juba? 

La disyuntiva moral surge irremediablemente en los protagonistas quienes sentirán el peso de lo que consideran que deben hacer en oposición a las circunstancias que viven y lo que quisieran hacer. ¿Cómo manejar todos esos sentimientos contradictorios que surgen frente a una situación histórica y personal sumamente compleja que los supera? ¿Qué significan la victoria y la derrota? ¿Cómo asumir la derrota y la pérdida? ¿Qué hacer cuando el mundo que habitaron alguna vez ya no existe?

Por medio del recurso literario empleado por la autora -a media res (mitad del asunto- Cleopatra Selene avanza desde el presente hacia su pasado para luego reflexionar y proyectar su futuro.

En una entrevista que le hicieron unos alumnos a María García Esperón, ella señala:

Los historiadores de la época se centraron en vilipendiar a Cleopatra y a Marco Antonio y glorificar a Augusto. De los niños no se ocuparon, ya que eran solamente príncipes rehenes, piezas del ajedrez político. Juba era incondicional de Augusto, reinó en Mauritania, cultivó la erudición y de sus obras no queda nada, mas que un desvaído recuerdo. Se perdieron, se quemaron, se olvidaron. Además, en compración, Cleopatra VII es una figura muy atractiva, reúne en su persona muchos símbolos, el prestigio de los faraones, el helenismo de los Tolomeos, su historia de amor con Julio César, su unión con Marco Antonio, su derrota, su espectacular muerte. En comparación, la vida de Cleopatra Selene es menos brillante, menos atractiva… pero tiene el encanto de una pálida luna, la luna de su nombre y esa poesía esencial de las historias perdidas.

La mayoría de los personajes que intervienen en la novela son históricos, excepto tres que pertenecen a la ficción. De la misma forma, hay algunos elementos y datos ficcionales que le aportan a la novela más belleza y, también, un cierto suspenso que se constituye también en una forma de utopía.

A través de la lectura y de la bella prosa lírica de María García Esperón el lector se adentrará en la historia de esta princesa olvidada por la historia oficial, en su cultura, en su época, pero también se verá intimado a plantearse una serie de disyuntivas con respecto a las vivencias de los protagonistas, y también, con respecto a la época actual. Es por ello que la novela no sólo nos sumerge en la Historia Angigua sino que nos inicia en un viaje que nos lleva a la memoria de la humanidad, de la cual somos un resultado -y también un puente para las futuras generaciones-. ¿Cómo pensar la historia, cómo formar un futuro sin memoria ni identidad? ¿Cómo transformar la historia sin un diálogo entre las culturas? ¿Qué lugar ocupará cada uno de nosotros en las nuevas disyuntivas históricas que vivimos y que tocan profundamente nuestra historia íntima?

Tu sigue viva, Alejandría

En la conferencia En el nombre del libro. Hacia una nueva Alejandría María García Esperón dice:

Y en el nombre del libro brota el nombre de una ciudad: Alejandría. El faro del mundo antiguo. La Ciudad del Faro. La Ciudad de la Biblioteca. La primera que justamente podría llamarse la Ciudad del Libro (…).
La Biblioteca… ¿qué era, que no es la biblioteca sino un diálogo con la cultura? El diálogo no se puede destruir, no se puede quemar.

Y más adelante agrega:

Quiero pensar (y quiero soñar) que todo esto construye una nueva Alejandría donde no hay fronteras ni barreras ni guerras ni incendios ni destrucción de bibliotecas, sino un diálogo que construye humanidad.
Un sueño es un acto íntimo. Surge de la interioridad más profunda, de ese lugar donde duermen y se alimentan nuestros anhelos, nuestros deseos. No hace falta ser ni famoso ni poderoso ni personaje histórico para que ese acto íntimo que se llama sueño se ponga en operación y nos entregue y entregue a los demás un mundo nuevo y esperanzado, una nueva Alejandría.

Querida Alejandría es un puente entre el pasado y el futuro, entre Alejandría y una nueva Alejandría, entre el mito y los mundos que crea, entre aquel faro y el faro luminoso que es la memoria, entre el sueño y su concreción, entre la imaginación y la realidad. Es la fe en la palabra.

La novela ha sido ganadora por voto unánime del Premio Norma Fundalectura 2007 y publicada ese mismo año por el Grupo Editorial Norma.◘ Alejandra Moglia.

VER:

Querida Alejandría. Blog

María García Esperón. Blog

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