La rama de azúcar, de María Cristina Ramos con ilustraciones de Mónica Weiss – Ed. Comunicarte

“Cuando uno recupera algo que ha olvidado es como si lo sacara de la sombra o de un pozo infinito, adonde van las cosas que ya nada dicen.”

María Cristina Ramos, en La rama de azúcar

“La tía Magnolia vivía haciendo anuncios que nunca cumplía: instalar una laguna en la terraza, criar murciélagos o clavar la mecedora en el piso para que las paredes no se le movieran; la familia sabía que no debía tomarlos en serio. Hasta que una vez uno de los anuncios se cumplió y, entonces, todo comenzó a cambiar. Visitas inesperadas, la hermana mayor que se va sin avisar, un circo que se queda más tiempo que el previsto. Episodios que los mayores vivieron y que explican las fragilidades del presente.
Una historia alrededor de lo que puede quebrarse entre las manos, como una rama de azúcar”.

La rama de azúcar es una novela escrita por María Cristina Ramos, publicada por Comunicarte en la colección Veinte escalones.

La novela aborda la historia de esos seres sensibles, frágiles y tiernos que forman parte de la vida familiar y a los que hay que cuidar, comprender y contener como es el caso de la tía Magnolia.

La narración está compuesta por la voz de una de las niñas de la familia protagonista de esta novela, y también por otras voces que aparecen a lo largo del texto en forma de pequeños diálogos.

A través de esta niña nos vamos enterando de las ocurrencias y disparates de la tía Magnolia quien un día decide cumplir con una de sus dulces amenazas: irse a vivir al cuartito de la terraza. A partir de ese momento, una serie de hechos impensados se suceden uno tras otro en el pueblo.

Sin apresuramientos y poéticamente la niña nos va acercando a la historia de vida de su familia y tía Magnolia quien cobija dentro suyo un dolor muy profundo y junto a ese dolor tan escondidito, abriga la ternura, la dulzura, las caricias y la memoria expectante para iluminar y florecer.

Así como la autora dibuja con palabras los sentimientos de la narradora, las ilustraciones de Mónica Weiss aportan sus trazos llenos de movimiento y algunas jaulas como para que si hay miedos y preocupaciones encerrados, éstos se echen a volar.

Dice María Cristina Ramos que comenzó a escribir La Rama de azúcar “con pedacitos de memoria, con gotas de lluvia y con la certeza de saber que lo bueno, lo lindo, lo valioso merece ser cuidado para que, dulcemente, nos siga acompañando”.

A veces las ramitas son de tan dulces frágiles, pueden quebrarse entre las manos y aún así florecer y perfumar con sus aromas de amor, ternura y poesía la vida de los que las llevan en la memoria y las hacen voz. ◘ AM

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