Escenarios fantásticos, de Joan Manuel Gisbert

escenariosf1Escenarios fantásticos, de Joan Manuel Gisbert e ilustrado por Miguel Calatayud ha sido publicado por primera vez por la Editorial Labor en 1979, en su colección Bolsillo Juvenil. En 1995 fue publicado por SM y en 2010 por Oxford University Press, edición que circula actualmente.

Es una ficción cuya estructura está planteada en tres partes que conforman un mismo relato: Jardines del dirigible, La danza de las imágenes gigantes y El parque de atracciones del arco iris.

Esta estructura no es lineal y así como el relato está dividido en tres partes principales, hay otras historias dentro de cada una de ellas y también diferentes narradores. Incluso, hay dos cuentos que se presentan como tales, como ficciones. Los mismos se encuentran en la tercera parte El parque de atracciones del arco iris, en el marco de “La máquina de contar cuentos”.

Jardines del dirigible se constituye en una puerta que el lector no sabe adónde lo llevará y que terminará abriendo múltiples puertas que a su vez lo llevarán a relatos asombrosos. Tiene un narrador en tercera persona, mientras que en La danza de las imágenes gigantes y El parque de atracciones del arco iris hay un narrador en primera persona llamado Nathaniel Maris.

En el relato contado por Maris, aparecen otras formas discursivas como descripciones, notas, formulaciones de hipótesis y otros textos escritos en primera persona por otros narradores. Uno de ellos es Demetrius Iatopec, uno de los protagonistas. También hay textos inconclusos y se le invita al lector a imaginar su contenido.

Así como la fantasía y la imaginación son los temas centrales de la obra, lo lúdico pareciera fundamentar la estructura del relato. Hay una exigencia para el lector, una exigencia enriquecedora y bienvenida a largo de la lectura, con muchas sorpresas, deberá pasar de un relato a otro, de un narrador a otro, de una forma discursiva a otra, completar lo no dicho y recorrer las reglas de juego ficcionales que se le van proponiendo.

Por otra parte, de una historia a otra hay saltos temporales. Estos saltos dejan al lector sin información sobre lo que sucedió en ese tiempo. Sin embargo, Maris se permite interrumpir su relato para contar algunos hechos pasados.

Interrumpo por unos instantes la narración cronológica de los acontecimientos para que puedas comprender claramente cuál era la tragedia de Iatopec (…) Me ha parecido conveniente intercalarla aquí para recomponer el orden de la narración y situarte en la perspectiva adecuada para que puedas seguir el curso de los acontecimientos. (…). Hechas estas aclaraciones, podemos volver al hilo de los sucesos que acaecieron después de mi llegada al Arco Iris.

Los personajes no son estereotipados. Nos encontramos con un jubilado llamado Dionisio Leganés que es un gran lector de novelas policiales. Dionisio pasa su tiempo imaginando historias, lo lúdico forma parte de su vida gracias a la literatura, se divierte inventando situaciones de suspenso observando una antigua fábrica abandonada. El conoce muy bien el juego de la ficción y le gusta jugarlo.

Iatopec es el personaje principal. Es alguien fuera de lo común, un mago que se dedica a cazar espejismos y crear espacios experimentales para el desarrollo de la imaginación. Su objetivo es brindarle al mundo y a los seres humanos un espacio para la diversión, diversión no pasatista ni frívola que consiste en estimular la imaginación y la fantasía.

Maris, el otro protagonista, es un periodista deslumbrado por la obra de Iatopec y responde a sus convicciones en la defensa de crear estos espacios para la imaginación.

Hay un personaje llamado Buenaventura que es un ser resentido y quien se propone acabar con Iatopec y su proyecto.

La obra es un relato fantástico en el que en la primera parte un hecho inexplicable y fuera de toda normalidad irrumpe la escena. Dionisio Leganés confecciona una fábrica de juguete y la entierra en donde se derribó la antigua fábrica que cada noche alimentaba su imaginación. Al otro día se encuentra que ésta vuelve a estar en el mismo lugar como antes de ser derribada; también la ven todos los vecinos. Sin embargo, es un espejismo, su fábrica imaginaria –a imagen y semejanza de la real- ahora está a la vista de todos. De ahí en más se dispara todo un universo fantástico que se instala por encima de lo científico y lo supera ampliamente.

En cuanto a las intertextualidades, la aparición imprevista de Iatopec en la ciudad con su propuesta de hacerse cargo del espejismo y sacarlo de allí, tiene reminiscencias con El flautista de Hamelin, ya que Iatopec, al igual que el flautista, es presentado como un personaje pintoresco y fuera de lo común, alguien que nadie conoce y que puede liberar a esa comunidad de algo que de un modo u otro la perturba. Sin embargo, a diferencia del flautista, Iatopec no pide dinero y no es burlado por la gente del lugar.

El mundo de imaginación y fantasía que quiere ofrecer Iatopec a los seres humanos me recordó –en oposición- a El país de los juguetes que Collodi plantea en Pinocho. Mientras que el lugar pensado por Iatopec tiene por objetivo la diversión fundada en la imaginación, el conocimiento personal, la creatividad, la libertad del juego imaginario y del pensamiento, en el derecho que todos –no sólo los niños, de hecho en la obra los protagonistas son adultos- tenemos a esto, El país de los Juguetes es una trampa para Pinocho y los niños que se sintieron atraídos a él, una mentira que esconde el maltrato y la explotación brutales.

La historia está ubicada a fines de los años 70, ya que sabemos por el narrador en tercera persona que la fábrica que cada día observaba Dionisio dejó de funcionar en 1978. Se presenta una sociedad contemporánea en la que se manifiestan algunas tensiones entre lo privado y lo público, más específicamente entre quienes ven los espacios y situaciones que se suceden como meras mercancías y posibilidades de hacer un gran negocio personal y aquellos que tienen objetivos más inclusivos y comunitarios, armonizados con el medio ambiente. Estas diferencias se resuelven a favor de lo público y no se generan otros problemas en torno a esto.

Teniendo en cuenta que la fábrica del relato funcionó hasta 1978 y que con la muerte de Franco en 1975 también finaliza la dictadura, pareciera ser que la sociedad ya está en el tiempo de volver a dar rienda suelta la libertad del pensamiento, del arte, de la creación sin límites a nivel comunitario y público prohibidos durante tantos años y que se mantenía oculta en los espacios privados y personales.

La lectura de Escenarios fantásticos propone una defensa de la imaginación, del juego, de la capacidad de construir mundos imaginarios, de la diversión no pasatista fundada en la creatividad, en el asombro por el descubrimiento, también, en la defensa de los espacios comunitarios. Todos tenemos derecho a estos espacios, la imaginación no es una mercancía, nos pertenece a todos pero es necesario alimentarla.

Esta obra le permite al lector abordar lo fantástico como algo que forma parte de su vida cotidiana y que no está separado de lo real, por el contrario es su sustento. La imaginación tiene la capacidad de transformar el mundo cotidiano. Lo fantástico y lo real existen uno en tanto el otro.

Como dice Gisbert[1]:

Todo aquello que el ser humano, en la actividad creadora o en el libre ensueño, puede concebir o vislumbrar, forma parte de algún modo de la realidad, puesto que la realidad es quien tales concepciones alumbra. La función de la imaginación fantástica es precisamente la de construir lo fantástico sobre lo real, con la menor ruptura o discontinuidad posible, es decir, haciendo de ambos campos uno solo en la vivencia artística. Nada de lo que emana de nosotros puede ser ajeno. 

AM.

[1] Citado por Rosa Huertas en: Huertas, Rosa. Lo fantástico en la obra de Joan Manuel Gisbert. Disponible en: http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/amigos-del-libro–15/html/025ca4d2-82b2-11df-acc7-002185ce6064_2.html

La cita fue tomada de: Flor Rebanal, Javier (Entrevista): «J. M. G. buscador de maravillas», en Alerta, 21 de octubre 1985, p. 21. (N. del A.)

NOTA: La edición que he leído pertenece a Labor, 1979.

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