Reflejos de la mirada europea sobre Latinoamérica en el campo de la LIJ. La visión española en “La tierra de las papas” de Paloma Bordons, por Alma Rodríguez

Este trabajo ha sido leído en el seminario “Travesías de héroes y heroínas en obras literarias destinadas a la infancia y la adolescencia” dictado por la prof. Lidia Blanco en el marco de la Maestría en Análisis del Discurso en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA durante el primer cuatrimestre de 2014.


Reflejos de la mirada europea sobre Latinoamérica en el campo de la LIJ. La visión española en “La tierra de las papas” de Paloma Bordons

Por Alma Rodríguez

Desde Ser como ellos,  Eduardo Galeano escribe “Los de arriba, copiones de los de afuera, desprecian a los de abajo y adentro: el pueblo es el coro del héroe. Los “ignorantes” no hacen la historia: la reciben hecha. Poco o ningún espacio ocupan, en los textos que enseñan el pasado americano, las rebeliones indígenas, que fueron continuas desde 1493, y las rebeliones negras, también continuas desde que Europa realizó la hazaña de establecer la esclavitud hereditaria en América. Para los usurpadores de la memoria, para los ladrones de la palabra, esta larga historia de la dignidad no es más que una sucesión de actos de mala conducta.” (Galeano, 2010: 16)

Si como dice Galeano “América Latina está achicada en la historia, como en el mapa”  puesto que los vencedores “imponen su propia memoria como memoria única y obligatoria” (Galeano, 2010:11) y si, como  sostiene Chartier, “la comprensión histórica está construida, en efecto, en y  por el relato en sí, por sus disposiciones y composiciones” (Chartier, 1992:75) se podría comenzar este trabajo planteando que  la escritura de la literatura de autores españoles que reflexionan sobre la representación de la realidad latinoamericana contemporánea lleva consigo la manifestación de una cosmovisión del mundo que no hace, muchas veces, más que reforzar los discursos históricos acerca de esta realidad y de los pueblos que habitan estas tierras.

En la letra de la canción de León Gieco titulada “De igual a igual”, la cuestión de los apelativos deja en claro la importancia de la lengua en el proceso de manifestación de los distintos puntos de vista en relación no sólo con lo ideológico, sino con  lo  social, cultural, lingüístico en la incidencia de la historia de la dominación europea sobre Latinoamérica: “Soy bolita en Italia/soy colombo en Nueva York/soy sudaca por España y paragua de Asunción/ español en Argentina/alemán en Salvador/un francés se fue pa´Chile/ japonés en Ecuador.”

Sudaca en España y español en Argentina, las preguntas que subyacen, entonces, son ¿el relato literario sobre los pueblos latinoamericanos, su identidad y cultura conlleva una nueva mirada y una nueva concepción más allá de la conquista o permanece naturalizado como algo dado de manera definitiva y sin cambios, en tanto y en cuanto estos pueblos han aceptado su condición de oprimidos y no ofrecen resistencia a dicha situación? ¿Cómo es la mirada del otro? ¿Cómo es el relato del otro  sobre esa mirada? ¿Cómo es “el otro” para “el otro” y cómo se construye  (y cómo construye su identidad) a partir del relato  y del discurso literario?

Para analizar la presencia de estas cuestiones dentro de la literatura española actual será necesario remitirse en primer lugar al período histórico trabajado durante las clases de Seminario y cuyo comienzo se remonta al inicio de la Guerra Civil española.

“La década de los años treinta fue para España una de las más agitadas de su historia contemporánea. De una gran ilusión transformadora y modernizadora se pasó a una guerra civil de dramáticas y persistentes consecuencias. La década comenzó con una dictadura militar, dirigida por el general Miguel Primo de Rivera, y terminó con el inicio de otra dictadura -mucho más larga y dura, durante cuarenta años,  personificada en Francisco Franco. Entre ambas dictaduras se desarrolló primero la experiencia democrática más avanzada de la contemporaneidad española y después la más cruenta Guerra Civil que este país tuvo en los últimos siglos. La II República significó la equiparación constitucional con las potencias democráticas europeas; y la posterior contienda fratricida, con una amplia participación internacional, significó la primera etapa de la guerra mundial que estallaría a su término (…)  El 28 de marzo de 1939 el ejército franquista entra en Madrid, los que da fin a la guerra civil. El 1° de abril la guerra estaba terminada oficialmente y comenzaba la dictadura de Francisco Franco que duraría hasta su muerte ocurrida en 1975” (Citta´, 2012)

Es así que durante el transcurso de toda la dictadura franquista el campo de la cultura se vio duramente acechado y reprimido. Sin embargo, la década del sesenta marca un cambio dentro del campo cultural y, por lo tanto dentro de la LIJ española, que, durante el franquismo, había tenido una marcada intención moralizante.

Hechos puntuales como la creación de los premios Lazarillo en el año 1958 y la aparición de la editorial “La galera” en Cataluña durante 1963, que conllevó la edición de obras destinadas a los niños en otras lenguas que no fueran el castellano, representaron dos intentos claros por modificar lo establecido por el régimen franquista. A fines de los setenta y principios de los ochenta, se crean varios premios para las obras de literatura infantil y surgen varias colecciones que acompañan este proceso de transición y cambio, para que, a comienzos de los ochenta se vean consolidadas las bases de una nueva LIJ española. Para fines de esa misma década se afirman muchos de los autores  que luego serán clásicos y quienes, a partir de la temática que abordan, muestran una nueva representación de infancia teniendo en cuenta el momento histórico por el que están atravesando. Un claro ejemplo en relación con esto lo constituye el escritor Juan Farías a partir de sus novelas Los pequeños nazis del ´43 y Los niños numerados.

Pero diferente es la situación al momento de analizar los relatos de la LIJ española que presentan las nuevas lecturas sobre Latinoamérica. Parecería ser que todo aquello que generó y se desarrolló durante el proceso llevado a cabo por el régimen franquista no hace más que continuar y acentuar el relato de la dominación de un imperio sobre América Latina. Y un caso puntual está dado por la novela de Paloma Bordons, La tierra de las papas.

El presente trabajo  tiene como propósito abordar los diversos núcleos problemáticos presentes en la construcción discursiva de La tierra de las papas de Paloma Bordons  por medio de los cuales se evidencia que ciertos relatos españoles sobre Latinoamérica continúan y refuerzan el discurso de la conquista y la dominación participando, así, del proceso de construcción de cierta identidad latinoamericano desde un punto de vista europeizante.

En la primera parte del trabajo se mencionarán algunas cuestiones acerca de la LIJ española a partir de lo trabajado en las clases del Seminario (1.1); en la segunda parte, abordaremos la obra desde tres  ejes de análisis propuestos: la representación de infancia, el conflicto lingüístico como lugar de tensión de ideologías e historia y la manera en que aparece representada la  mujer en Latinoamérica (1.2). Por último arribaremos a las conclusiones (1.3).

1.1 Primera parte. Algunas menciones acerca de la historia y la LIJ española.

 

“Moriré como el pájaro: cantando,

penetrado de pluma y entereza,

sobre la duradera claridad de las cosas.”

(Miguel Hernández, Pasionaria)

 

Como dijimos más arriba,  la década del ´30 en España se inició con  una dictadura militar encabezada por el general Miguel Primo de Rivera. Durante 1934, en Asturias, tras una huelga obrera en contra del gobierno derechista, se reprime violentamente y este hecho da lugar, por un lado, al  ascenso militar de Franco y, por otro, a la unión de las distintas izquierdas. Esto conduce a un alzamiento nacionalista bajo las órdenes de Franco,  sin embargo el intento de tomar el poder por parte de los golpistas fracasa y el pueblo armado intenta defender la II República dando, así, inicio a la Guerra Civil española. El 28 de marzo de1939  el ejército franquista entrará en Madrid y 1 de abril de ese mismo año comenzaría la dictadura que se extendería hasta la muerte del mismo Franco en 1975 y que duraría, por lo tanto, un total de cuarenta años.

Es importante destacar que el estado al que aspira Franco es esencialmente un estado terrorista basado en el miedo y la persecución. A lo largo de toda España funcionó un sistema de cárceles similar al de los campos de concentración, donde, día a día, eran ejecutados y torturados cientos de presos. Allí moría Miguel Hernández en 1941. Durante los primeros años, luego de finalizada la guerra, quienes sufren mayoritariamente la represión del estado son quienes habían luchado a favor de la república o habían participado de ella  como funcionarios o docentes. Los campos de concentración siguieron en pie hasta entrada la década del ´70 y los prisioneros fueron utilizados para realizar trabajos forzosos como la construcción de viviendas, obras públicas o monumentos.

La marcada desigualdad social, la pobreza, la precariedad laboral, entre otros factores, hacen que  cierta porción de la población (sobre todo universitarios) se percataran de lo terrible del regimen y se formara una marcada conciencia antifacista. Durante la década del 70 comienza a circular cierta literatura política junto con las traducciones de obras marxistas que se habían dado a conocer  por gran parte de Europa. Desde la cultura y desde el movimiento obrero organizado comienzan a mostrarse manifestaciones de resistencia hacia el régimen franquista. En 1975, tras la muerte de Franco, se produce la vuelta a la vida democrática.

Como mencionamos antes, la literatura para niños y jóvenes manifestó durante el franquismo una marcada intención moralizante lo que hizo que los lectores se nutrieran sobre todo de adaptaciones o versiones modificadas de los cuentos de Perrault y de todas aquellas obras que llevaran consigo una clara intención pedagógica y es por eso que “el férreo control pedagógico y religioso sobre los libros dio como resultado que los lectores españoles encontraran una y otra vez, adaptaciones y versiones modificadas de cuentos de Perrault, mezclados con otros de intenciones claramente pedagógicas. En este triste panorama apenas brillaron con luz propia algunos escritores”. (Garralón, 2001:107)

De todos modos, durante los años de represión hubo algunos intentos por modificar lo establecido, entre ellos, la creación de los premios Lazarillo y la aparición, en 1963, de la editorial La galera, que participara en el Movimiento de renovación pedagógica, como dos hechos puntuales que contribuyeron a la manifestación de la oposición al régimen. Otros hechos como la celebración del Año Internacional del niño auspiciado por la UNESCO, la creación de varios premios de literatura infantil y la aparición de varios sellos y editoriales hicieron que comenzaran a sentarse las bases de una nueva LIJ. Para fines de los 80, logran afirmarse autores como Juan Farías, Joan Manuel Gisbert, Jordi Sierra i Fabra, Alfredo Gómez Cerdá, entre otros. Muchos de ellos contribuyen a la construcción de una nueva representación de infancia y adolescencia. 

Una de las editoriales que formará parte de ese clima literario y cultural y que publicará obras literarias para jóvenes en las que se incluyan problemáticas relacionadas con la ineficiencia del sistema educativo o la desigualdad social es  la editorial SM. Esta es la misma editorial que en 1996 publicará en Madrid La tierra de las papas,  novela de la cual nos ocuparemos a continuación.

1.2. Segunda parte.  La  mirada del Imperio hacia la tierra de las papas: algunos aspectos presentes en la novela de Paloma Bordons.

“En esta orilla del mundo

lo que no es presa es baldío.”

(Jorge Drexler. Al otro lado del río).

 

Desde la contratapa de la edición de La tierra de las papas publicada por la colección El barco de vapor, perteneciente a la editorial SM, se lee con respecto a su autora: “Paloma Bordons (Madrid, 1964) estudió Ingeniería Técnica Forestal y Filología Hispánica. Tras vivir en Bolivia –donde escribió esta novela-, actualmente reside en Inglaterra.”

Desde el sitio web de la editorial SM, en el apartado titulado “Quiénes somos” puede leerse: “SM es un proyecto cultural y educativo presente en el ámbito iberoamericano, con dos áreas de actuación plenamente integradas: la labor editorial de las empresas que forman el grupo SM , dedicadas a la elaboración de contenidos y servicios educativos, publicaciones religiosas y literatura infantil y juvenil, y la labor social de la fundación SM, que destina los beneficios del grupo editorial a hacer llegar la docencia y la cultura a los sectores más desfavorecidos de la sociedad. SM es un compromiso con la cultura y la educación con una trayectoria  de más de sesenta años de trabajo y empresa propia en nueve países de Iberoamérica: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, España, México, Perú, Puerto Rico y República Dominicana.”

Tal como dice la biografía de Paloma Bordons, si bien la autora vivió en Bolivia y desde allí escribió esta novela, es cierto también que se trata de una autora europea y que, además, reside actualmente en Europa. De la misma manera, SM es una editorial con sede central en España. Estos dos hechos llevan a preguntarnos: ¿cuál es la mirada desde el llamado “primer mundo” sobre el denominado “tercer mundo”? y, por ende, ¿cómo se construye desde Europa el relato sobre Latinoamérica? ¿Dentro de esa mirada, cómo aparece representada la  infancia como contraposición cultural desde lo ideológico, cómo aparece representada la mujer y cómo es vista y concebida una lengua que no es la lengua del imperio? Desarrollaremos algunas de estas cuestiones a lo largo de este trabajo.

En  su libro Ojos imperiales, Mary Louise Pratt parte de un supuesto por el cual intentará demostrar que “las transiciones históricas importantes alteran la manera en que la gente escribe porque alteran sus experiencias y, con ello, también su manera de imaginar, sentir y pensar el mundo en que viven. Por lo tanto, las modificaciones siempre nos dicen algo sobre la índole de los cambios.” (Pratt,2011:26) Pero, relata más adelante, “mientras estudiaba el enorme corpus de relatos de viajes escritos por europeos a lo largo de dos siglos y medio, poco a poco tomaba  conciencia de la existencia  de los participantes a los que no oía. Había una enorme brecha en los archivos. ¿Qué habrán pensado aquellas gentes de los visitantes que recibieron y de los designios imperiales con que llegaron? ¿Cómo y con qué formas de expresión habrán interpretado el proceso que vivieron? De vez en cuando, mientras leía, vislumbraba las maneras en que el imperio era codificado  continuamente por las personas sobre cuyas vidas intervenía: codificado en las ceremonias, la escultura y la pintura, la danza, la parodia, la filosofía, la historia. Y ese procedimiento se daba en expresiones suprimidas, perdidas, o simplemente sepultadas bajo la repetición y la irrealidad.” (Pratt, 2011:27)

De ahí es que esta autora llega a analizar y alertar sobre las posibilidades y los peligros que entraña escribir en lo que ella denomina en su libro como “zonas de contacto”, “espacios sociales donde culturas dispares se encuentran, chocan y se enfrentan, a menudo dentro de relaciones altamente asimétricas de dominación y subordinación, tales como el colonialismo, la esclavitud, o sus consecuencias como se viven en el mundo de hoy.” (Pratt, 2011:31)

Más adelante sostiene:  “Si estudiamos solamente lo que los europeos vieron y dijeron, no haremos más que reproducir el monopolio del conocimiento y de la interpretación que la empresa imperial pretendía tener” y por esto que “la gente que se encontraba en el extremo receptor del imperialismo europeo construyó su propio conocimiento y elaboró su propia interpretación, usando a veces –como Guamán Poma- las propias herramientas de los europeos.” (Pratt, 2011: 31, 32)

 El trabajo de Mary Louis Pratt nos ayuda a pensar, entonces, algunas cuestiones planteadas en la novela de Bordons y que tienen que ver sobre todo con cómo se narra la “zona de contacto” (que no es tan de contacto como de dominación como plantea Pratt más adelante) desde la mirada europea y con todo lo que Casilda, desde su mirada y su lengua, no puede contar.

La tierra de las papas, que desde el paratexto está anunciada como una novela sugerida a partir de los 12 años,  puede ser considerada por momentos como una novela de viaje o un relato de formación: María realiza un viaje de un lugar a otro pero ese viaje no es sólo geográfico sino que es un viaje al interior de otra cultura, ajena para ella hasta ese momento. De esa manera hay también un crecimiento que tiene que ver con conocer y comenzar a integrar aspectos de un  pueblo latinoamericano a su nueva cotidianeidad.

En La invención de lo cotidiano,  Michel de Certau hace una diferenciación entre espacio y lugar:

“Desde un principio, entre espacio y lugar, planteo una distinción que delimitará campo. Un lugar es el orden (cualquiera que sea) según el cual los elementos se distribuyen en relaciones de coexistencia. Ahí pues se excluye la posibilidad para que dos cosas se encuentren en el mismo sitio. Ahí impera la ley de lo “propio”: los elementos considerados están unos al lado de otros, cada uno situado en un sitio “propio” y distinto que cada uno define. Un lugar es pues una configuración instantánea de posiciones. Implica una indicación de estabilidad.

Hay espacio en cuanto que se toman en consideración los vectores de dirección, las cantidades de velocidad y la variable del tiempo. El espacio es un cruzamiento de movilidades. Está de alguna manera animado por el conjunto de movimientos que ahí se despliegan. Espacio es el efecto producido por las operaciones que lo orientan, lo circunstancian, lo temporalizan y lo llevan a funcionar como una unidad polivalente de programas conflictuales o de proximidades contractuales. El espacio es al lugar lo que se vuelve la palabra al ser articulada, es decir cuando queda atrapado en la ambigüedad de una realización, transformado en un término pertinente de múltiples convenciones, planteado como el acto de un presente (o de un tiempo), y modificado por las transformaciones debidas a contigüidades sucesivas. A diferencia del lugar, carece pues de la univocidad y de la estabilidad de un sitio “propio”.

En suma, el espacio es un lugar practicado. De esta forma, la calle geométricamente definida por el urbanismo se transforma en espacio por intervención de los caminantes. Igualmente, la lectura es el espacio producido por la práctica del lugar que constituye un sistema de signos: un escrito.

(…)Los relatos efectúan pues un trabajo que, incesantemente, transforma los lugares en espacios o los espacios en lugares.” (De Certeau, 2000:129)

La tierra de las papas constituye, teniendo en cuenta la diferenciación que hace de Certeau, un viaje y una transformación de un lugar a un espacio.  Cuando a María se le anuncia que va a viajar a Bolivia, el lugar no es más que eso: un lugar.

“Por eso, entre rabieta y rabieta, empecé a preguntarme qué sería aquello de Bolivia.

En el atlas, Bolivia era un trozo de Sudamérica pintado de rosa y encajonado entre otros pedazos de color verde, amarillo, naranja, violeta y rojo: Brasil, Argentina , Chile, Perú y Paraguay. Y de azul…¡nada! ¿Qué clase de país es un país sin mar?” (página 8 de LTP) “Miré las fotos: llanuras enormes y peladas. Mineros escuálidos con la cara tiznada. Niños harapientos. Llamas, esas ridículas ovejas con el cuello estirado y cara de camello…Y en mi cabeza se fue formando una imagen triste y sucia de Bolivia. Bolivia debía de ser eso que llaman el Tercer Mundo. Era América latina sin lo bueno de América. (Bordons, 2011: 9)

Dentro de ese lugar al que viaja María, ella reconoce tres Bolivias: “una Bolivia de sol y palmeras: eso sonaba bastante bien. Y otra Bolivia de valles verdes: tampoco debía estar mal. Pero a la menda le había tocado precisamente la tercera Bolivia, la peor: el Altiplano triste y pelado.” (Bordons, 2011:15):

 “-Pero mira. Voy a enseñarte un mapa del mundo, para que veas dónde está España, y Bolivia, y todo.

Abrí un atlas por una doble página donde aparecía un mapamundi.

-Esto rosa de aquí es Bolivia- indiqué el país con el dedo.

-¡Tan chiquita! – Casilda parecía decepcionada.

-Pues vas a ver España! Mucho más chiquita todavía.

Señalé España y Casilda se echó a reír.

-Pues si apenas se ve!

Ofendida en mi orgullo patriótico, decidí cambiar de tema.” (Bordons, 2011:79)

Luego, hacia el final de la novela, el lugar se va transformando en espacio, pues a partir de las diversas exploraciones de María hacia otras zonas alejadas del centro, se vuelve un lugar practicado, intervenido. Casilda es quien permite esa unión entre un lugar y otro pues es la que se maneja en los dos espacios en los que habitan María y ella misma respectivamente.

El otro lugar que se va volviendo espacio a partir de la intervención de otras voces es el espacio narrativo. En el interior de la novela conviven diferentes niveles polifónicos, es decir diferentes voces que se entrecruzan para dar lugar al entramado textual. Dentro del texto, la voz de María y la voz de Casilda conviven pero la voz de María es la encargada de organizar la historia puesto que es la que lleva adelante la narración de la historia y el punto de vista está puesto sobre ella. Junto con estas dos voces dentro del texto aparece una tercera voz que acota desde el paratexto. Esa voz es la voz del editor.

Cada una de estas voces aparece expresada mediante distinta tipografía. La voz de María aparece desdoblada como voz de un narrador protagonista en primera persona encargada de contar la historia -y por lo tanto apoderada del punto de vista- y como voz en la escritura de las cartas.

De esta manera se puede reconocer 

un texto principal contado por un narrador en primera persona (María), que es el que permite ir avanzando con la historia:

“A medida que oscurecía, se iban encendiendo las luces de en las laderas “de los pobres”. Las casuchas deprimentes iban desapareciendo y se convertían en puntos de luz. Me acordé del belén que ponen en la parroquia de al lado de casa por Navidad, en el que se hace de noche y de día. Cuando todas las luces estuvieron encendidas me dieron ganas de aplaudir. Y sobre todo me quedé más tranquila al no tener a la vista aquellas casas que me recordaban que, mientras yo estaba en mi piso veintidós calentita y a gusto, había muy cerca otra gente que no lo estaba tanto.” (Bordons, 2011:  21)

un texto epistolar escrito por María (en letra bastardilla) cuyo destinatario directo es Bea, la amiga de María, y por medio del cual podemos enterarnos de muchas de las sensaciones que María va experimentando en una tierra que resulta para ella tan extraña:

Hola, Bea:

La verdad, no sé por qué te escribo cuando ni siquiera has contestado mi primera carta, pero es que ando con “depre” y tengo que contárselo a alguien, aunque sea a una mala amiga.” (Bordons, 2011: 38)

la voz de Casilda (en letra mayúscula imprenta) narrando a modo de monólogo interior y desde su punto de vista su relación con María:

LA SEÑORITA MARÍA SE FUE ANTES DE QUE NACIERA LA “WAWA”. CUANDO SUBIÓ A DESPEDIRSE A LA CASA, LLORÉ BASTANTE PORQUE LE TENÍA MUCHO APRECIO A LA SEÑORITA, QUE ES LO QUE PASA CON LOS GRINGOS, QUE VIENEN Y SE VAN CUANDO UNO MENOS LO ESPERA Y POR ESO ES MEJOR NO ENCARIÑARSE MUCHO CON ELLOS.” (Bordons, 2011: 134)

las notas al pie que, a su vez, pueden dividirse en:

  • notas al pie a cargo del narrador , en las que aparecen aclarados términos utilizados por María y que, se supone, son desconocidos por el lector : 
  • notas al pie a cargo del editor , por medio de las cuales se aclaran tanto expresiones utilizadas en español por María como expresiones aymara utilizadas por Casilda:

Como dijimos más arriba, María lleva la voz narradora porque María habla la lengua “letrada”,  la lengua del imperio, la lengua que se habla de este lado del “pesebre” y es por eso, también, que  su punto de vista es el dominante. Toda la historia está contada a partir de lo que ella vive y siente y abarca en su totalidad el espacio textual. De esta manera, la diversidad lingüística aparece de múltiples maneras más allá del simple hecho de la comunicación: como forma de dominación, como manifestación de poder, como forma de representación, como actualización de una cultura y como forma de resistencia de un pueblo frente a otro. Casilda se resiste a hablar, entre otras cosas, porque se resiste a hablar el español al que ella no considera su lengua. Es así también como el español se impone como lengua y termina naturalizándose.

Dentro del relato de la novela (y por ende, a partir del relato desde el  punto de vista de María) aparece (y se impone) una construcción de la infancia/adolescencia que es la que se impone desde un modelo europeo.  Por este motivo, la representación de infancia en ambos casos resulta un juego de blanco sobre negro por medio del cual la contraposición desde el punto de vista ideológico y cultural permite mostrar dos modelos económicos, sociales y culturales  que formaron parte de la misma historia pero en el cual uno surge de la dominación del otro: “Todavía había veces en que sentía que Casilda y yo hablábamos idiomas diferentes.”  (Bordons, 2011: 64).

En su libro denominado La memoria de la infancia. Estudios sobre historia, cultura y sociedad, Sandra Carli escribe en relación con la obra de Berni: “Desde el punto de vista temático, la obra de Berni resulta excepcional porque configura una mirada de la infancia popular, de ese sujeto que quedó invisibilizado por la mirada homogeneizante de la pedagogía escolar, dominada por representaciones de las familias burguesas en su producción gráfica. En la obra de Berni se registran los desplazamientos de la experiencia de los niños de los sectores más pobres del país situados a la vez en una nación y en el mundo, una infancia puesta en relato a través de la historia de un personaje, Juanito Laguna.” (Carli, 2011:57).

Como escapada de una pintura de Berni, Casilda es ese “sujeto invisibilizado por la mirada homogeneizante” o mejor dicho sólo es posible de ser visibilizado en tanto y en cuento sirve a esa mirada homogeneizante y sirve a la burguesía como fuerza de trabajo.

En ese sentido, Casilda es grande siendo chica porque, aunque etariamente pertenezca a la franja denominada comúnmente como “adolescencia”, hace “cosas de adultos”: cocina, limpia, se va de compras sola en medio de una ciudad que desborda de gente, pero principalmente trabaja y, por último, se transforma en madre:

“-¿Puedo ir contigo al mercado, Casilda?

-¡Vamos pues, señorita! –exclamó Casilda. Y creo que no se habría puesto más contenta si la hubieran  invitado al cine.

Yo hasta entonces no me había atrevido a subir sola en ningún transporte público. Todo lo que tenía que ver con el tráfico me parecía demasiado misterioso, lioso y hasta peligroso.(…) Cuando salí con Casilda a la calle me di cuenta de que era maga. Para ella resultaba muy fácil poner orden en todo aquel jaleo.” (Bordons, 2011: 57)

 

“Pasó un buen rato antes de que Casilda soltara de sopetón:

-Estoy esperando familia.

-¿Familia? ¿Viene tu madre del pueblo?

Casilda negó con la cabeza.

-¿Es tu familia del más allá? ¿Otra vez hay fiesta para los muertos?

Casilda volvió a negar y dio una patadita en el suelo, como impaciente por mi torpeza.

Wawa, pues. (…)

Como siempre que me dan una noticia que no quiero oír, empecé a  fijarme en detalles a mi alrededor que me impidieran concentrarme en ella. Pero la noticia estaba allí: Wawa, pues.

No podía ser. Casilda, apenas mayor que yo, iba a ser madre cuando yo aún tenía reciente la noticia de que los niños no venían de París. Casilda iba a ser madre y yo solo le había dado un beso a Juanjo en una fiesta, y solo porque no se dijera que no lo había hecho nunca.” (Bordons, 2011: 128)

Casilda es adulta siendo niña. María no puede interpretar estos hechos sino en relación a sus propia representación de infancia.

Junto con la representación de infancia, aparece también la representación de la mujer. ¿Qué es ser niña, qué es ser mujer en el contexto Latinoamericano y qué implican estas dos categorías en el contexto europeo?. Desde Europa se propone un modelo de infancia, adolescencia y femineidad que fue, históricamente, el que, en gran medida, adoptaron las clases altas y medias en Latinoamérica.  Conductas, comportamiento, hábitos, actitudes, formas de vestir están construidas desde este lado del océano a partir de una mirada atenta a todo lo que sea europeo. Y este hecho resulta generalmente algo extendido y aceptado.

Es por eso que a María le resulta llamativa la manera de actuar, moverse, reaccionar y vestirse de Casilda. María no puede entender el por qué de tanto silencio y de tantas polleras; María no puede entender que teniendo la misma edad sean tan distintas. En realidad lo que a María le cuesta entender es que existan otras culturas tanto o más fuertes que la suya propia.

En otro pasaje del libro de Carli,  la autora  analiza la relación entre la pequeña familia y la familia popular a partir de la narrativa de Bernardo Verbitsky  Allí, Carli se refiere a la tensión existente entre el imaginario de la clase media que visualiza en los hijos “el lugar de una renovación generacional y su propia continuidad cultura, con todos los nuevos beneficios económicos y culturales de la vida urbana” frente a la realidad social de los sectores obreros, en la cual “la población infantil experimenta el desarraigo de sus padres de los lugares de origen y la crudeza de los asentamientos precarios en los márgenes de la ciudad.” (Carli, 2011: 101)

Dice Casilda en un momento en relación a María : “ Pero ya nunca más le dije de venir, que me daba de vergüenza, por la casa tan pobre y porque luego, a los que beben, se vuelven todos medio brutos, sobre todo  el tío, y acaban haciendo barbaridad y media. El día ese de todosantos tomó hartísimo el tío, porque el patrón recién le había puesto en la calle. Así que yo ya sabía que a la noche nos tocaba golpiza a la tía y a mí, que al patrón pegarle no puede y por eso da de puñetes a nosotras. (…) Harto frío pasé esa noche, y eso que me supe guardar el final de una botella de ese aguardiente que le dicen “signan” cuando nadie estaba mirando y me la fui bebiendo a traguitos, que te calienta el estómago y también el corazón y por un rato olvidas las cosas malas y es como si tú no fueras tú. Claro que luego todo sigue lo mismo. Además que cuando has tomado mucho puedes hacer cosas que ni te acuerdas y que están medio mal, y los ñatos, de que te ven tomada, se aprovechan.”(Bordons, 2011: 77)

Como puede advertirse, desde su ámbito, Casilda sabe que la fiesta es fiesta mientras dure porque luego, al día siguiente, todo será como antes. María, en cambio, vive y percibe el festejo como algo pintoresco, divertido, visto desde la mirada del extranjero, total, una vez terminado todo, ella volverá al bienestar de su hogar.

Para María, Casilda representa un enigma, representa la “otredad”, lo atractivo de lo desconocido y pretende conocerla haciendo ella las preguntas y no dando ninguna respuesta, y, por lo tanto, concentrando ella el saber y la información. Dice María en un momento: “Yo también quería jugar al “¿cómo será?”, pero haciendo las preguntas, no dando las respuestas. Me intrigaba Casilda. ¿Dónde había nacido? ¿Dónde estaban sus padres? ¿Cuántos años tenía? ¿Cuántas polleras llevaba? ¿Se hacía esas trenzas larguísimas cada mañana? Pero Casilda, que cada día era más charlatana conmigo, se volvía muy tímida cuando se trataba de hablar de ella misma.”  (Bordons, 2011:83)

María no puede entender que Casilda no tenga necesidad de contar o que cuente de otra manera diferente a la que ella cuenta. Porque además, Casilda tiene experiencias muy diversas a la que vive un niño como María: son distintas la temporalidades y las vivencias en la vida infantil de una y otra de las protagonistas porque, como se dijo más arriba, Casilda es adulta siendo niña y además es mujer.  Casilda no fue a la escuela porque según su papá “es hembrita, ¿para qué la hemos de mandar a estudiar? ¿Acaso su madre necesitó estudiar?” (Bordons, 2011: 92 )

La infancia de Casilda está llena de “deberes” más que de “derechos”; Casilda trabaja y cuida de sus hermanos pequeños y de esa forma los juegos de la niñez son muy diferentes.  Casilda hace de cuenta que cada una de sus quehaceres es un juego: juega a que trabaja, juega a que cuida niños, en definitiva, juega a que es grande.

“-Yo nací en un pueblo del Altiplano- dijo mientras pelaba una patata-. De muy chiquita me enviaban ya al campo a pastear las ovejas y las llamas. Como de cinco o seis años sería. Salía bien temprano, cuando aún había estrellas en el cielo, con mis habitas secas y mi chuño para almorzar. Y no volvía hasta que se hacía de noche.

-¿Y estabas sola todo el día?

-Casi siempre, sí. Jugaba yo sola o me cantaba canciones, y me metía en mi aguayo una piedra alargada y me lo echaba a la espalda, como si cargara una wawa (…) Sí, yo jugaba a que llevaba una wawa a la espalda. Pero pronto la cargué de verdad y eso ya no tuvo chiste. Me hacían llevar a mi hermanito Moisés, ¡y bien pesado que era! (Bordons, 2011: 84, 85)

Casilda decide qué contar y qué no en función de qué hechos puede llegar a comprender María y cuáles no. Dice Casilda en uno de sus monólogos: “”Y me empezó a gustar contarle de mi vida a la señorita, porque todo parecía que le interesaba y nunca se burlaba. Eso sí,  a veces me miraba como a un bicho raro y como que se enfadaba. Por eso habían cosas que no le contaba porque sabía que no le iban a gustar. Por ejemplo, seguro que se enfadaba si le cuento que  mi hermano el menorcito al final se murió y que ninguno de nosotros lloró ni nada, que casi un alivio fue.” (Bordons, 2011: 87)

Todo el relato de infancia de Casilda no es más que un relato de vida de otros para María hasta el momento en que Casilda queda embarazada y este hecho repercute directamente en la cotidianeidad de María: “Casilda faltó varios días antes de que Padre y yo nos comenzáramos a preocupar. Como no teníamos un teléfono donde pudiéramos llamarla, dejamos estar la cosa durante el resto de la semana. Volvimos a criar un cerco amarillo en la bañera, volvimos a comprar latas y a comer huevos a la boliviana, y yo aproveché para hacer la segunda tortilla de patatas de mi vida.” (Bordons, 2011: 126)

Este hecho enfrenta a María con la diferencia y hace que ésta no sea sólo un relato pintoresco sino un hecho perteneciente al  “orden de lo real”: Casilda iba a ser madre al mismo tiempo que María se enteraría de que  “los niños  no vienen de París”. Este hecho, entonces, cambia por completo la mirada de María con respecto a Casilda: “Y de pronto me pareció que Casilda era mujer y sabia mientras yo seguí siendo niña y tonta.” (Bordons, 2011:130) De esta manera queda demostrado, tal como afirma Arminda Aberastury,  que “entrar en el mundo de los adultos –deseado y temido- significa para el adolescente la pérdida definitiva de su condición de niño.” (Aberastury, 2006:15).

1.3. Tercera parte. Conclusiones

Podríamos decir que La tierra de las papas es una novela sobre la mirada: la mirada de una niña sobre un territorio, la mirada de  una niña sobre otra, la mirada de un español sobre Latinoamérica, en definitiva, la mirada hacia una cultura desde una cultura dominante. En palabras de Mary Louis Pratt, “muchas veces se nos invita veladamente a imaginar estos desplazamientos como un “flujo”, una metáfora que sugiere la idea de un proceso natural que alcanzará automáticamente un equilibrio horizontal, como si también sufriera los efectos de la gravedad. La idea de flujo es la metáfora preferida de la globalización, imagen horizontal que le confiere al mercado el carácter de nivelador por excelencia (…) La palabra “flujo” oculta el hecho de que el mundo del capitalismo neoliberal está regido por decisiones que son tomadas por personas, y que tienen sentido ético. Esas decisiones han construido un mundo que, para expresarlo, metafóricamente, desafía la ley de gravedad. Sus fuerzas no son horizontales sino verticales. Las políticas neoliberales impulsan la riqueza hacia arriba para concentrarla en unas pocas manos, mientras que aumenta el desarraigo y la indigencia entre las mayorías.” (Pratt, 2011:439)

La mirada, entonces, es una mira imperial y la transformación es individual: María no volverá a ser la misma pero su vida no ha cambiado realmente ni ella ha logrado cambiar la vida de Casilda. María volverá al estado de bienestar otorgado por la cultura del imperio mientras que Casilda permanecerá tejiendo chompas para los turistas.  María no ha logrado hacer algo Con Mayúscula y Casilda, entonces, tal como ella lo expresa, no ha dejado de sentirse una “zonza”, que “es lo malo con esta gente extranjera, que siempre te hacen sentir de menos, como que ellos lo saben todo y tú no sabes nada.” (Bordons, 2011: 135)

Tal como afirma Lidia Blanco,  La tierra de las papas presenta “al lector infantil una sociedad de pobres y marginales ineptos y brutos, sin capacidad para encarar inteligentemente su situación y llevar adelante un proceso político renovador de las modalidades políticas y económicas de sus naciones. Los pueblos originarios nunca aceptaron su situación de colonizados, y su lucha les ha permitido cambios significativos. Queda mucho por modificar, pero varios países de América Latina van armando un presente con otros valores sociales y culturales, en un clima de democracia, y afrontando en repetidas ocasiones, las agresiones de los colonizadores, que intentan conservar su poder sobre las tierras, las fuentes energéticas, el agua. Un camino a recorrer. La literatura para niños, tal vez la más politizada de todas las obras literarias actuales, es en algunos casos un arma de colonización cultural de las generaciones jóvenes. Y el rol docente, es alertar a los lectores, permitiendo un análisis profundo de los sistemas de ideas subyacentes en los textos.” (Blanco, 2012).

La tierra de las papas es, en definitiva, un relato sobre la naturalización en el que, como decíamos al principio, no se hace más que reforzar las relaciones de dominación y colonización de España con respecto a América Latina.

 

Bibliografía

a) Fuente

Bordons, Paloma (2011), La tierra de las papas. Buenos Aires, SM.

b) Incluída en el trabajo

Galeano, Eduardo (2010), Ser como ellos y otros artículos. Buenos Aires, SigloXXI

Chartier, Roger (1992), El mundo como representación. Estudios sobre historia cultural. Barcelona, Gedisa.

Cittá, Julia (2012), Seminario “Europa siglo XX. Segunda parte. La literatura española para niños y jóvenes.” Cuarta clase.

Garralón, Ana (2001), Historia portátil de la literatura infantil, Madrid, Anaya,

Pratt, Mary Louise (2011), Ojos imperiales. Literatura de viajes y transculturación. Buenos Aires, Fondo de cultura económica.

de Certeau, Michel (2000), La invención de lo cotidiano 1. Artes de hacer. México. Universidad Iberoamericana. Departamento de Historia. Instituto Tecnológico y de estudios superiores de occidente.

Carli, Sandra ( 2011), La memoria de la infancia. Estudios sobre historia, cultura y sociedad. Buenos Aires, Paidós.

Aberastury, Arminda y Mauricio Knobel (2006), La adolescencia normal. Un enfoque psicoanalático.Buenos Aires. Paidós.

Blanco, Lidia. (2012), Seminario “Europa siglo XX. Segunda parte. La literatura española para niños y jóvenes.” Octava clase.

SOBRE ALMA RODRÍGUEZ

Alma Rodríguez es Licenciada y Profesora en Letras (Universidad de Buenos Aires),especialista en literatura infantil y juvenil e investigadora. 

Forma parte de Espacio LIJ La Nube, un grupo de investigación coordinado por Lidia Blanco en la Asociación La Nube.


NOTA DE LA MEMORIA Y EL SOL

El trabajo ha sido publicado con la autorización de Alma a quien le agradezco enormemente la posibilidad de compartirlo en este espacio.

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3 comentarios en “Reflejos de la mirada europea sobre Latinoamérica en el campo de la LIJ. La visión española en “La tierra de las papas” de Paloma Bordons, por Alma Rodríguez

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