“La adolescencia y las aventuras del pensamiento: Una posible lectura sobre La feria de la noche eterna de Joan Manuel Gisbert”, por la prof. Silvia Martínez Carranza de Delucchi

El pasado viernes 28 de noviembre, en el marco del IV Simposio de Literatura Infantil y Juvenil en el Mercosur, la prof. Silvia Carranza de Delucchi leyó su ponencia titulada “La adolescencia y las aventuras del pensamiento: Una posible lectura sobre La feria de la noche eterna de Joan Manuel Gisbert” en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.


La adolescencia y las aventuras del pensamiento

Una posible lectura sobre La feria de la noche eterna

de Joan Manuel Gisbert

 Prof. Silvia Martínez Carranza de Delucchi

Diplomatura en Ciencias del Lenguaje (IESP Joaquín V. González)

Grupo Espacio de investigación en LIJ (La nube – Infancia y Cultura)

 

Introducción

Joan Manuel Gisbert nació en Barcelona en 1949. En un principio, encaminó sus estudios superiores en la carrera que  su padre, fallecido tempranamente, hubiese aprobado, de manera que  se diplomó en ingeniería electrónica. Este  trayecto le dio acceso a la física subatómica, la  mecánica cuántica y la cosmología, materias que influirían en su obra literaria, también alimentada por la lectura de autores como Leroux, Verne, Lovecraft, Cortázar, Borges, Calvino, Lem, Clarke, entre otros. Este prolífico narrador catalán integró la lista de Honor del Premio Hans Christian Andersen (1982) y obtuvo el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil (1984), el Gran Angular (1990), y dos veces el Barco de Vapor (1991 y 2001).

Vale destacar su amplia labor en la difusión de la lectura en escuelas y bibliotecas, al igual que la presencia de sus libros en las aulas, ya que es uno de los autores auspiciados por la nueva corriente pedagógica en España.

La novela analizada en el presente trabajo, La feria de la noche eterna (Edelvives, 2011), se inscribe en ese recorrido.

 

La historia contada

Emilio tiene casi 13 años. A pedido de su madre viuda, que debe cuidar a una pariente enferma, él pasará parte de las vacaciones escolares en casa de un hermano de su padre, a quien conoce poco. Como su tío Hugo es un hombre muy ocupado, el muchacho estará bastante solo, aunque tiene permiso de incursionar en una feria nocturna que ha llegado a ese pueblo el mismo día que él.

La novedosa atracción pueblerina promete desafíos y sorpresas. Noche tras noche pasará por experiencias asombrosas, vinculadas misteriosamente con su pasado y su futuro. Transita un camino de pruebas y acertijos, hasta llegar más allá de lo material, a espacios donde se puede dar vida a sueños incomparables o conservar recuerdos como “fotografías del alma”. Allí vivirá un trascendente reencuentro y llegará a avistar otro “espaciotiempo”. El final del relato llega con apasionantes revelaciones acerca de la verdadera misión de la Feria y el papel que Emilio tenía reservado en ella.

 

Lo fantástico en la novela

Presencia obligada en encuentros sobre Literatura Fantástica de la que es digno representante, este autor considera que la función principal de la creación fantástica es “extender y ampliar los campos de la realidad, la experiencia y el conocimiento con los recursos de cada una de las artes narrativas” (En Peonza, nº 104, 2010).

En cuanto a La feria de la noche eterna, resulta interesante hacer un recorrido que permita observar cómo el escritor ha construido lo fantástico, tanto en sus materiales verbales como en la arquitectura de la narración y también en el tratamiento temático (Todorov, 1981: 54).

En primer lugar, si nos concentramos en el uso del lenguaje, veremos que desde el primer momento el ambiente se presenta enrarecido: el tío tiene un comportamiento misterioso (p. 10) y los objetos de esa casa ajena parecen contaminarse de un extrañamiento que se extiende al exterior, a la desolación del paraje costero, a las vías muertas,  las fantasmales  fábricas abandonadas, “como si fueran restos de un decorado que se hubiese quedado a medio desmontar” (p. 23).

El acceso a la zona de atracciones siempre está precedido por imágenes rarificadas. Luego allí aparecerán objetos que no existen en la realidad del lector para los cuales han sido creados términos como “libro-espacio de estados de conciencia” (p. 119), o “cámaras transhipnóticas, espacios de proyección omega”, entre otros (p. 144).

En particular, observemos ahora la forma en que el autor instala en el texto la vacilación que caracteriza como rasgo fundamental a la narración fantástica según Todorov, es decir, la percepción ambigua de la que participan el héroe y el lector, por medio de la cual los acontecimientos podrían pertenecer tanto al ámbito natural como al sobrenatural.

Así, las preguntas que se hace Emilio tendido en la cama tienen la función  de aproximarnos, junto al personaje, al terreno de la duda:

“¿Por qué ha venido aquí esta feria? ¿Quiénes son, qué les pasa? ¿Por qué están callados y ausentes, como si les diera todo igual? Y Georgia, tan pálida, ¿quién es, tiene alguna enfermedad? Parece que lleva años sin dormir. ¿Y por qué tiene tanto interés en que yo vaya mañana?”  (p. 50).

La vacilación está expresada con palabras durante los momentos más intensos de la aventura, como cuando el narrador declara: “Más allá de los límites siempre hay incertidumbre.” (p.113)

En segundo lugar, en referencia a la arquitectura de la narración, hay un paralelo entre el diseño de la Feria y las lecturas que hace el protagonista durante esta experiencia, provenientes de la biblioteca heredada de su padre. Cada noche a su regreso él progresa en la lectura de un relato titulado “La tienda de la calle muerta”, hasta que descubre una situación especular: tal como Ferdinand en el cuento se enfrenta a un acertijo, Emilio recibe el mismo desafío en un puesto de la Feria. Así empiezan a cruzarse dos dimensiones: la de los sucesos que vive Emilio en su realidad, con el plano de lo imaginario que ofrece la lectura. Y a su vez, la lectura de ese cuento parece ser una llave de acceso a una extensión insospechada. De hecho, todos los puestos de la Feria tienen nombres de relatos fantásticos escritos por un autor muy leído por su padre. Entonces él va desvelando una compleja articulación entre dos mundos, lo que le produce una gran perplejidad que expresa de esta manera: “…la feria tiene una parte visible, basada en cuentos literarios misteriosos, y otra invisible, en la que solo se puede entrar a través del pensamiento. Son dos mundos en un mismo espacio. No puedo entender cómo es posible, pero me parece que es así.” (p. 109)

Durante las incursiones nocturnas el tiempo y el espacio sufren profundas alteraciones, al igual que la sensorialidad y la comunicación. En la Cámara de la Noche Eterna, Emilio pasa por cambios de temperatura, acercamientos y alejamientos, mensajes telepáticos; flota en el aire o se mueve con el pensamiento. Y como si transitara por el interior de un espacio armado como un juego de cajas chinas, se desplaza de la Cámara del Mundo Secreto a la Cámara  de la Noche Eterna y de allí a la Biblioteca de los Mundos, caracterizada como  “un único espacio enorme, inabarcable” (p. 117). Son como ventanas que se abren  en su mente y al mismo tiempo, proyecciones de su pensamiento (p. 120).

En este sentido, es interesante explorar ciertos componentes que acercan la historia contada a la ciencia ficción, entendiendo este campo como el de lo  sobrenatural  explicado  de  manera  racional,  pero  a  partir  de leyes que la ciencia contemporánea a la obra no reconoce aún como tales (Todorov: 1981: 41). Esta novela entonces  presentaría un tránsito gradual que parte de un realismo extraño, pasa por  la ciencia ficción y llega a lo fantástico.

Es así como los fenómenos narrados tienen su asiento en la tecnología del mundo real de Emilio. En la Feria, ideada por el escritor Barnes y puesta en marcha por dos científicos llamados Müller y Krasnik,  se articulan insólitamente la creación literaria, las neurociencias y la tecnología de fuentes electromagnéticas. Aunque estos tres campos existen en nuestro mundo, los conocimientos de ingeniería de Gisbert han evolucionado de tal manera en su imaginación, que aparecen conformando en el mundo del relato productos inexistentes pero sospechosamente cercanos a los que ya existen en nuestra época. Así, la “cámara de proyección omega”, los “libros flotantes”  y otros elementos de la historia evocan las cámaras de observación, los simuladores de vuelo, las bibliotecas virtuales.

Finalmente en el relato se revela el origen de la Feria, que funciona como un “gran laboratorio de ideas” para tiempos futuros, tal vez una nueva era, quizás el siguiente estadio de la evolución humana.

En tercer lugar, pondremos el foco en el tratamiento fantástico de los temas.

Si, como dice Todorov, “lo fantástico es una experiencia de los límites” (1981: 67), entonces Emilio es el héroe que atraviesa esa exploración como una suerte de camino de iniciación, de tal manera  que podríamos concebir ese camino tanto un proceso de crecimiento y evolución personal, como un rito de pasaje de una etapa a otra.

Con respecto al crecimiento, recordemos que, según Aberastury y Knobel,  la adolescencia se caracteriza como un proceso en el que se viven situaciones que obligan al individuo a “reformularse los conceptos que tiene acerca de sí mismo y que lo llevan a abandonar su autoimagen infantil y a proyectarse en el futuro de su adultez” (1971: 38-39). Emilio es un muchacho a punto de cumplir 13 años, con rasgos esenciales de esa crítica etapa de la vida, según Dolto (1990: 67): la contradicción y la confusión como constantes, el duelo por la pérdida de su cuerpo e identidad de niño, el repliegue sobre sí mismo, la fantasía como refugio y proyección del futuro, el incremento de la intelectualidad, el interés por explorar temas trascendentales como los límites de la existencia, el desarrollo del pensamiento lógico abstracto, la necesidad de figuras ideales para identificarse, la búsqueda de su propia identidad.

Lejos de coartar la exploración del personaje, los adultos más cercanos lo estimulan e impulsan secretamente, pues al final  se descubre que tanto el tío como la madre han sido cómplices de la Feria, allanando el camino del muchacho para que haga su propia experiencia, pero también acompañándolo aunque él no lo perciba.  Y el narrador presenta a Barnes, el escritor ideólogo de todo esto, como la figura pedagógica del facilitador que habilita el protagonismo del adolescente, que motiva y acompaña, pero otorgando libertad y reforzando su autoestima.

Si focalizamos en el tema de la Iniciación, es interesante pensar el camino del personaje como el recorrido mítico del héroe en el que se pueden reconocer funciones como el alejamiento, la misión difícil, la transfiguración, etc. (Rodari, 1979: 86). En la misma línea, su tránsito por los puestos de la Feria evoca la figura arquetípica del laberinto (Jung, 1934).

Por otro lado, no es casual que Emilio tenga el privilegio de pasar por esta experiencia, pues posee una especial habilidad para jugar con hipótesis, por eso sus compañeros de escuela lo han  apodado el Fantasioso. En cuanto al acceso de la mente a otros universos posibles, la literatura constituye un formidable entrenamiento para quien está desarrollando los procesos superiores del pensamiento como la inducción, la deducción y la abducción.  Las conjeturas que construye el muchacho en un momento del relato combinando elementos de las películas y narraciones de misterio, son un interesante ejercicio del razonamiento abductivo que tiene por objetivo producir probabilidades. Este proceso del pensamiento lógico abstracto está involucrado obviamente en la creación de todo mundo fantástico. Recordemos que en las obras de Julio Verne se describen prodigios tecnológicos que fueron posibles muchas décadas más adelante. Estas anticipaciones están vinculadas justamente con el razonamiento abductivo.

En particular, es especialmente interesante el tratamiento del tema de la Muerte, que se distancia de las concepciones religiosas judeo cristianas para ingresar en un Humanismo universal y trascendente. Emilio se encuentra con su padre, que murió cuando él era niño y cuyo legado son los libros que constituyen el acceso al conocimiento del mundo y a las creaciones humanas.  El encuentro, que no habría sido posible  cuando el muchacho era pequeño, se produce en una dimensión extendida de su pensamiento, en un tiempo que no pueden medir los relojes. Entonces padre e hijo tienen la oportunidad de despedirse.

Sabemos que la muerte es una preocupación para el adolescente, que reflexiona con frecuencia sobre la existencia (Aberastury y Knobel, 1971: 125). Aquí lo fantástico aminora la angustia sobre el futuro y ayuda a construir poco a poco la visión del mundo que se manifestará en su accionar adulto. Jacqueline Held sostiene que la literatura, especialmente las leyendas y los mitos, estimulan descubrimientos esenciales sobre la condición humana y ayudan a desentrañarlos. Dice Held: “…la distancia introducida por el símbolo sirve en muchos casos para otorgar una importancia proporcional a las fuerzas del niño, para hacer progresivo este descubrimiento-choque. Esa es toda la función iniciática del cuento.”   (1981: 74). Por otro lado, Marc Soriano afirma que “la ciencia ficción puede despertar en el niño una reflexión sobre la historia y sobre el tiempo, algo que resulta siempre útil y tal vez lo ayude a precisar sus opciones del mañana, a dejar de lado el pesimismo y adoptar un optimismo prudente” (2010: 135).

 

Conclusión

En esta novela, sin acudir al pensamiento religioso, con un profundo respeto por la diversidad de creencias y distanciado de la banalización mediática del tema,  Gisbert ha asumido la responsabilidad de tratar el duelo por la muerte de un padre y la conciencia de la propia muerte. Lejos de las fórmulas estereotipadas de la autoayuda, construye  una visión positiva y reparadora de ese trance con elementos diversos: proyecciones de la  ciencia, procedimientos como el extrañamiento, y la ambigüedad de lo fantástico. Así el relato lleva implícita una reflexión sobre el sentido de la vida y la continuidad de los padres en los hijos, herederos  del impulso hacia el progreso de la humanidad.

Con una profunda confianza acerca del poder de la literatura, aquí la lectura literaria aparece como experiencia trascendental, portal de acceso a otros mundos y también a la percepción del propio devenir. Proporciona claves, provoca goce y revelaciones, agita el pensamiento, habilita la escritura. Constituye un  legado más rico que los bienes materiales.

El cruce genérico entre lo fantástico, lo extraño y la ciencia ficción, propio de los autores contemporáneos, produce intensos efectos de sentido que abren aún más las posibilidades de interpretación de la obra. El tránsito por lo fantástico  ofrece la experimentación del asombro, la especulación sobre los misterios de la existencia. En esta novela lo imaginario es el ámbito propicio para vincular el arte con la ciencia en el arduo camino de comprender el mundo. En el territorio del conocimiento Gisbert convierte lo áspero en amigable, y más: en aventura.

 

Bibliografía

Aberastury A. y Knobel, M. (1971). La adolescencia normal. Buenos Aires: Paidós.

Dolto., F. (1990) La causa de los adolescentes. México: Seix Barral.

Gisbert, J M. (2013) La feria de la noche eterna. Buenos Aires: Edelvives.

___________ La literatura, la fantástica, el misterio y los placeres del pensamiento. En Cuaderno 7, nº 4, 2007, p. 4. recuperado de http://www.joanmanuelgisbert.com/wp-content/uploads/2010/12/cuadernosie7e_ok.pdf (5/03/2004)

____________ Los espacios transreales. En Peonza, nº 104. Recuperado de http://www.joanmanuelgisbert.com/wpcontent/uploads/2010/12/LOS_ESPACIOS_TRANSREALES-Peonza104-.pdf (9/03/2014)

Held, J. (1981). Los niños y la literatura fantástica. Función y poder de lo imaginario. Barcelona: Paidós Ibérica.

 

Jung, C. G. (1934/1954) Los arquetipos y lo inconsciente colectivo. En (2010) Obra Completa, vol. 9. Madrid: Trotta.

Rodari, G. (1979). Gramática de la fantasía. Introducción al arte de contar historias.  Barcelona: Ferrán Pellissa.

Soriano, M. (2010). La literatura para niños y jóvenes. Guía de exploración de sus grandes temas. Buenos Aires: Colihue.

Todorov, T. (1981) Introducción a la literatura fantástica. México: Premia.

Joan Manuel Gisbert, recuperado en http://www.lecturalia.com/autor/3578/joan-manuel-gisbert (8/05/2014)

Joan Manuel Gisbert: biografía literaria, artículos y entrevistas. Página oficial en  http://www.joanmanuelgisbert.com/autor/biografia-literaria/ (5/03/2014)


NOTA DE LA MEMORIA Y EL SOL: Le agradezco a la prof. Silvia Martínez Carranza de Delucchi la posibilidad de publicar su trabajo en este blog. ◘AM.

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