“La bolsa amarilla”, de Lygia Bojunga. Una lectura que deja huella, por Silvia Martínez Carranza de Delucchi

El presente trabajo fue leído por su autora, la prof. Silvia Delucchi, el pasado 11 de octubre en el marco del Seminario “Obras literarias de autores latinoamericanos destinadas a niños y jóvenes” a cargo de la profesora Lidia Blanco que se desarrolló la Asociación La Nube.

 


La bolsa amarilla de Lygia Bojunga

Una lectura que deja huella

Prof. Silvia Martínez Carranza de Delucchi

Los juguetes… yo me fabricaba mis cosas, leía mucho, inventaba mi mundo y veía en esa llanura que había todos los castillos necesarios para que pasaran las aventuras que yo eligiera.

Ignacio Guido Montoya Carlotto [1]

Introducción

Lygia Bojunga Nunes es una autora de la LIJ brasileña con larga trayectoria y estilo singular. Desde su temprana infancia en Pelotas, Rio Grande do Sul,  y su adolescencia en Rio de Janeiro, realizó una búsqueda personal por diversos caminos: medicina en la universidad, teatro, radio, televisión, periodismo y fue maestra rural en la zona montañosa de Rio, hasta que transpuso el portal de la literatura, abierto por su primera obra, Los compañeros en 1971.

Después de 10 años de producción ganó el premio Andersen en 1982 y tuvo renovado reconocimiento en 2004 con el premio Astrid Lindgern de Suecia; [2] además de  estas distinciones internacionales, ha recibido numerosos galardones en su propio país a lo largo de su extensa trayectoria que incluye reflexiones acerca de la escritura.

Su destacado lugar en la LIJ latinoamericana reside en el compromiso por ofrecer en sus textos posibles claves para la resolución de conflictos a los que se enfrentan niñas, niños y adolescentes: discriminación, injusticia, abandono, pobreza y desigualdad, enfermedad, separación, violencia y destrucción, muerte e incluso el suicidio. Asimismo pone en valor el amor, la vida, la naturaleza, la solidaridad, el libre albedrío, las construcciones colectivas.

Como Monteiro Lobato, Bojunga elabora en el terreno de la ficción mundos imaginarios con seres fantásticos, pero transitados por problemas de la realidad social contemporánea de Latinoamérica. Las obras de esta autora también están creadas sobre un sustrato de ideas acerca de cómo debiera ser el mundo y cuál es la función de la escritura, según su perspectiva. En el cuento “El trueque y la tarea” (1985) pone en boca de su protagonista escritora una visión catártica de la creación con palabras:

Cada-hora-de recreo, cada domingo completo, cada hora de hacer las tareas, escribía la historia de mis ganas de morirme. Me pareció tan difícil de hacer, que en lugar de sentir ganas de morirme solo pensaba en cómo hacer una historia sobre las ganas de morir; en lugar de sentir el dolor del amor, solo sentía el esfuerzo que hacía por contar el dolor.

Y así, cuando un día la historia quedó lista, las ganas de morir habían desaparecido… (Bojunga, 2001: 93)

Y más adelante en el mismo relato el mismo personaje dice:

Un día se me ocurrió transformar las cosas pequeñas:

transformaba un dolor en una coma;

convertía un alivio en un punto de exclamación;

transformaba una esperanza en una interrogación.

Me gustó. Me sentí hechicera.

Escribí veintiséis libros.

(p. 98-99)

Bojunga, con un pensamiento independiente, logra liberarse de las reglas del consumo, de tabúes y prescripciones, planteando temas que incomodan, con una fuerte apuesta a la inteligencia y al pensamiento crítico de chicos y chicas. Asimismo, sus relatos tienen la urgencia de transmitir un mensaje que trasciende la ética y llega a sugerir respuestas concretas a situaciones problemáticas a través de sus personajes, como lo es la elección de una profesión que esté vinculada con las necesidades de la comunidad.

Así ocurre en la novela El sofá estampado (2011), cuando una abuela armadillo, antes de morir defendiendo las tierras de los indios, los animales y las plantas en la Amazonia, envía a su nieto una carta. En la postdata le recomienda: “Hay muchos más animales con la barriga vacía que llena. No olvides esta injusticia al elegir tu profesión” (p. 83). [3]

Los críticos han enumerado rasgos de su escritura entre los que mencionan antropomorfismo, quiebres de la linealidad temporal, maestría en el manejo del diálogo para caracterizar personajes, humor absurdo, color local y resonancia universal, búsqueda paciente para recrear el lenguaje coloquial de niños y adolescentes con el fin de darle estatuto literario. Asimismo, le atribuyen la capacidad de fortalecer a lectores y lectoras para el enfrentamiento de situaciones dolorosas, habilidad para fusionar lo individual y lo social, para desafiar el pensamiento estereotipado, para poner en evidencia los procesos de la psicología infantil y juvenil, y situar en el terreno de la discusión aspectos de la vida social.

La riqueza de sus narraciones ha motivado  su traducción a muchos idiomas. Respecto de la circulación de sus obras y de la LIJ en general, vale aclarar que en Brasil los libros van de la editorial a la escuela. Los niños no tienen costumbre de ir a la librería; fuera de la escuela sólo accede la clase media de las grandes ciudades como San Pablo o Río de Janeiro, entre otras.[4]

Será objeto de nuestro análisis La bolsa amarilla, una nouvelle publicada inicialmente en 1976 en una edición de autor, que fue reeditada por Norma en 1997 y 2011. Esta última edición lleva varias reimpresiones y la distribución cubre una lista numerosa de países latinoamericanos, entre los que se encuentran México, Guatemala, Chile y Argentina.

La historia narrada

La narración comienza con una dolorosa declaración: “Tengo que encontrar un lugar para esconder mis deseos”. Es la voz de la protagonista, una niña de 9 años, la menor de una numerosa familia. Ella reclama atención, diálogo, compañía, pero esto le trae problemas, hasta que llega a la casa un paquete enviado por su tía Brunilda con cosas que ya no quiere.

De todo ese tesoro, después de los arrebatos de padres y hermanos, queda una bolsa amarilla para Raquel. Allí guardará ella sus deseos, junto con unos curiosos personajes que aparecen en su vida y van a parar allí también: el gallo Alfonso y su amigo Terrible, un gancho de pañal y una paraguas (así, en femenino). Estos serán sus compañeros de aventuras y le permitirán conocer LA CASA DE LOS ARREGLOS, donde la niña vive una experiencia muy enriquecedora.

Pero también estas incursiones la conducirán a una semana de castigo. Sin embargo, la reprimenda resulta ser todo lo contrario, porque en ese tiempo de reclusión puede escribir todo lo que quiere. Así su vida va mejorando, de manera que los deseos guardados enflaquecen y se vuelven tan livianos que pueden volar como cometas. También sus amigos parten en un vuelo liberador, menos el gancho de pañal que pide quedarse.

Situaciones de infancia

Cuando Marc Soriano elabora una bibliografía LIJ sobre la cuestión de la familia (2010: 281), encabeza la lista con Bojunga, junto con autores como Dahl, Gripe, Graciela Montes, Ana María Machado; los libros citados por él son Adiós (Chao), Angélica, y La bolsa amarilla.

El tramo que Soriano dedica a las críticas sobre la familia que presentan libros dirigidos a los más chicos  (p. 280) tiene un asombroso correlato con el desarrollo de la historia de Raquel en la novela que estamos analizando. Podemos corroborarlo en distintos tramos de la novela. Para comenzar, consideremos el siguiente fragmento: [5]

Creo que es por eso que nadie aquí en casa tiene paciencia conmigo: todos son grandes desde hace mucho tiempo, menos yo. No sé cuantas veces le oí decir a mis hermanos: “Raquel nació por casualidad. Raquel nació cuando ya no era hora. Raquel nació cuando mamá no estaba ya en condiciones de tener un hijo”. Estoy sobrando, Andrés. Desde que nací estoy sobrando. (p.9)

La niña denuncia así el rechazo explícito hacia su persona, lo que la coloca en el lugar del hijo no deseado, al punto de escribir una afirmación polémica y temeraria:

…una persona solamente debe nacer cuando la madre de esa persona quiere que nazca. (p. 9-10)

Raquel ve a sus padres y a sus hermanos mayores solamente por la noche porque todos trabajan. Durante el día sufre la crueldad de la hermana que no trabaja ni estudia, lo que es interpretado como un signo de preferencia. Con ella vive peleando porque la humilla, la encierra, se burla sin que los padres intervengan. En el relato no hay abrazos, besos de buenas noches, sino coscorrones, burlas y afrentas a su mundo interior.

No hay escucha para sus reclamos, por lo que se refugia en la escritura. Pero cuando acaba de escribir una historia, en un descuido la deja a la vista, y la hermana la lee sin permiso, se la pasa a la madre, esta al padre, y va circulando hasta llegar a los vecinos. Todos terminan riéndose de lo que ella piensa (p. 21).

La reacción más importante de Raquel a esta situación es la decisión de esconder sus deseos, pero no los pequeñitos, sino aquellos “que de repente van creciendo y engordando toda la vida”. (p.7) Estos son para ella solo tres: el deseo de crecer de una vez, el de haber nacido niño en vez de niña y el deseo de escribir.

En relación con este desarrollo del relato, encontramos la definitiva conclusión de Soriano:

Todas estas conductas acarrean en casos extremos la fragilidad afectiva del niño, la incertidumbre acerca de su identidad sexual y acerca de su existencia misma. En los casos menos graves el niño reacciona y su crítica de los padres abusivos, a menudo acerba,[6] termina siendo, probablemente, un elemento positivo en el esfuerzo que hace por reencontrar su identidad. (p.281)

En la novela, la llegada de un objeto trascendental, la bolsa amarilla, iniciará un camino lleno de alternativas reparadoras. La soledad se compensa con amigos fantásticos que no solo acompañan la evolución interior de la protagonista, sino que también le permiten asomarse al mundo adulto.

La fantasía,  el juego y los objetos

Raquel decide que va a ser escritora cuando sea grande. Comienza por escribir cartas a personajes imaginarios, de quienes recibe respuestas “de verdad” que encuentra en distintos lugares.  Esas respuestas enrarecen el mundo de la narración: aparecen sorprendiendo a Raquel y al lector, pero ella luego dice a su familia que además de escribir las misivas, también ha inventado las respuestas.

La transgresión definitiva a los límites de lo real se produce con la llegada de un gallo parlante llamado Rey, que en un amanecer canta dentro de la habitación sin que las hermanas se despierten. Completan el grupo de personajes el gallo Terrible primo de Rey, una paraguas enclenque (así, en femenino) y un gancho de pañal, que acompañan a la protagonista en el camino de comprender el mundo.

Objetos y animales que hablan y viven experiencias humanas, deseos que engordan y enflaquecen, escritura tal vez mágica que se contesta a sí misma y tiene el poder de  anticipar acontecimientos, conforman el mundo de Raquel transitado con la naturalidad del imaginario infantil.

En el terreno de la literatura, estos componentes construyen lo fantástico-maravilloso, tal como lo define Todorov (1981):

Nos encontramos en el campo de lo fantástico-maravilloso, o, dicho de otra manera, dentro de la clase de relatos que se presentan como fantásticos y que terminan con la  aceptación  de  lo  sobrenatural.  Estos  relatos  son  los  que  más  se  acercan  a  lo fantástico puro. (p. 38) [7]

Ahora bien, cabría categorizar a todo este despliegue como un escenario de juego, ligado a los procesos de desarrollo del personaje.

Al respecto podemos acudir a Donald Woods Winnicott (1896-1971), el prestigioso psicoanalista inglés, quien afirma que el jugar corresponde a la esfera de la salud y facilita el crecimiento (1987: 65). Según él, la actividad lúdica tiene un lugar y un tiempo. No se encuentra adentro ni afuera del sujeto, sino en un espacio de transición. Aun los niños pequeños  juegan concentrados, habitando una región “que no es posible abandonar con facilidad y en la que no se admiten intrusiones”. En esa región el niño reúne objetos o fenómenos de la realidad y los usa al servicio de su realidad interna. Los pone al servicio de los sueños otorgándole significados y sentimientos. Winnicott describe una  evolución del juego que pasa del juego individual al juego en grupo, para terminar proyectándose en las experiencias culturales.  (p. 76)

Estos conceptos sobre el juego también tienen su correlato en el transcurso de La bolsa amarilla, cuando los personajes fantásticos que comparten aventuras con Raquel viven situaciones profundamente humanas.

Es así como el gallo Rey, que estaba destinado a gobernar gallinas, quiere modificar las jeraquías de su mundo, pero debe atenerse a las consecuencias:

Cuando les expliqué que desde pequeño soñaba con un gallinero distinto, donde todo el mundo pudiera opinar y decidir, porque me parecía absurda esa historia de que el gallo está obligado a andar y ordenar a todas horas, ¿sabes lo que hicieron? Pues llamar al dueño del gallinero y denunciarme. (p. 37)

Raquel oculta al gallo fugitivo en la bolsa amarilla y acepta su cambio de nombre, pues en adelante se llamará Alfonso en lugar de Rey, que no era adecuado para sus ideas: “Soy amigo de la igualdad, me gusta vivir en paz, soy un tipo de lo más simple: ese nombre no va conmigo.” (p. 41)

Tras numerosas vicisitudes que incluyen el salvamento de su primo Terrible, Alfonso toma una decisión:

Voy a ir por el mundo, a luchar para que no le cosan el pensamiento a nadie… (p.114)

Por otro lado, la historia de  la paraguas no es menos aleccionadora. Aunque maltrecha, sostiene con firmeza su género femenino y es fiel acompañante de distintos episodios hasta que decide un cambio trascendental: se convertirá en paracaídas y saldrá por el mundo acompañando la lucha de Alfonso por sus ideas.

En este punto vale recordar  a Jaqueline Held que en su estudio sobre el efecto de la lectura en la infancia considera que el género fantástico está al servicio de la construcción de la subjetividad y afirma que la literatura estimula los descubrimientos esenciales sobre la condición humana y ayuda a desentrañarlos. Dice Held:

 …la distancia introducida por el símbolo sirve en muchos casos para otorgar una importancia proporcional a las fuerzas del niño, para hacer progresivo este descubrimiento-choque. Esa es toda la función iniciática del cuento.   (1981: 74)

La actualización de las representaciones sociales

Según Roger Chartier (2005: 56), existen representaciones  de la organización social que han ido evolucionando a lo largo de la historia. Desde esas formas de conocimiento elaboradas colectivamente interpretamos la realidad y actuamos en función de ellas. Tanto como en otros ámbitos de la cultura, en las obras literarias es posible rastrear estrategias simbólicas que determinan posiciones y relaciones sociales, y que construyen identidad para cada grupo social.

La LIJ no escapa a estas construcciones, de manera que La bolsa amarilla a través de sus personajes confronta distintas representaciones de la infancia, de la familia y de lo femenino. A lo largo de la narración se  legitiman aquellas que corresponden a una sociedad en progreso y al respeto de los derechos humanos.

En primer lugar, la protagonista no solo describe críticamente a su familia como referimos antes, sino que registra un proceso de degradación en vínculos y actitudes:

Papá y mamá vivían riéndose, tomados de la mano, era lindo de ver. Ahora todo es distinto: andan siempre de mala cara, pelean, discuten por cualquier cosa y claro, después todo el mundo queda enfadado. (…) Y lo peor que ese asunto de los disgustos en casa me pone muy, muy triste. (p.18)

En segundo lugar, Raquel conoce a una familia diferente en LA CASA DE LOS ARREGLOS donde reparan a  la paraguas. Los habitantes de esa casa están muy alegres e interesados por sus ocupaciones: una niña que estudia, la mamá que canta mientras cocina, el papá que está componiendo un reloj y el abuelo atareado en soldar una olla para que dure muchos años. Todo el lugar huele a la torta que está cociéndose en el horno.

El asombro crece cuando la niña de la Casa le cuenta a la protagonista que estos roles no son permanentes, sino que se intercambian, de manera que otras veces es ella  la que compone objetos, el papá cocina, el abuelo se pone a estudiar, la mamá a soldar la olla “para que nadie sienta que está haciendo demasiado una sola cosa”. Y eso les da mucha alegría a todos. Pero lo más trascendente reside en el diario ejercicio de la democracia familiar:

… marcamos todos los días una hora para resolver cosas. Como tuvimos hace un rato la hora del juego. Nos sentamos a la mesa y resolvemos lo que haya que resolver. (…) Cada uno da una idea y al final se resuelve lo que a la mayoría le parece mejor. (p.123)

Esta experiencia es decisiva en el crecimiento de Raquel, de manera que empieza a calmar sus angustias al vislumbrar otras maneras de estar en el mundo, y al encontrar al mismo tiempo una forma de comprender su propia situación:

Y yo me puse a pensar que los grandes no eran tan difíciles de entender como creía antes. (p.124)

En tercer lugar, la conmovedora historia de Terrible, el gallo de pelea, introduce en el texto formas de alienación que impresionan a Raquel:

Es claro que ya había visto gente con la manía de decir que hay que ganar siempre a los otros, hay que ser el primero en esto, el primero en aquello, pero nunca pensé que alguien tuviera tanta obligación de ganar. (p. 63)

Lo paradójico es que son los dueños de Terrible los que ganan el dinero que se recauda en las peleas. Como él mismo no registra esta situación de esclavitud, Alfonso y Raquel lo encierran en la bolsa hasta que pase la próxima pelea en la que corre riesgo de vida porque su rival, Cresta de Hierro, es peligrosísimo. Pero Terrible escapa de la bolsa  y luego se enteran de que ha perdido la pelea, aunque ignoran si ha sobrevivido.

En este momento se produce un gran suspenso en el relato, una interrupción en la que Raquel escribe la historia pasada del gallo peleador, lo que le permite a ella comprender cómo se condiciona el pensamiento de las personas:

Porque en su gallinero las cosas eran exactamente así: nacían los pollitos y ya los dueños del gallinero estaban decidiendo lo que iba a ser cada uno:

-Tú vas a poner huevos

– Tú vas a ser cuidador de gallinas.

-Tú vas a ser gallo de pelea.

-Tú irás a la olla.

Y de nada servía que los pollitos quisieran tener un oficio distinto: los dueños decidían por ellos y todo el mundo a cerrar el pico. (p.100)

Claro que el gallo quiere disfrutar de la vida y no combatir, así que los dueños deciden coser el pensamiento de Terrible con un hilo muy fuerte, indestructible, y solamente dejan libre la idea de pelear. Y ese suspenso en que había quedado el destino de Terrible es resuelto por Raquel, que escribe en este punto lo que ocurre durante la pelea final. Es así como el gran esfuerzo de Terrible por no morir bajo las garras del gallo asesino, hace que el hilo estalle, que se liberen sus  pensamientos de Terrible, y huye hacia el mar. Aunque Raquel cuenta aún más penurias por las que pasa el gallo, le otorga un final feliz.

 Por fin, un día, el barco llegó a un lugar muy lejano… Allí quería vivir. En paz. Sin tener que ganarles a todos. Allí podría encontrar amigos y dibujar corazones. Y nunca más tendría un dueño que le cosiera el pensamiento. (p. 109)

En cuarto lugar, el relato presenta una evolución de la protagonista con respecto a la visión de lo femenino. El punto de partida es la   representación que encarnan las mujeres de su entorno. Su madre, cansada de trabajar y condenada a tener hijos no deseados, consuma su venganza maltratando. La hermana, que tiene la misión de cuidar a Raquel, traiciona este mandato con crueldades. La tía Brunilda,  a quien todos rinden pleitesía porque es rica, adhiere a las humillaciones que los adultos perpetran contra la menor de la familia.

Vale detenerse en el personaje de la tía, que representa la imagen social de la mujer mayor, burguesa y acomodada, cuyo signo de status es regalar lo que le sobra.  Raquel comenta esta situación desde la perspicacia de niñas y niños: “Si ella se cansa tan rápido de las cosas, para qué compra tanto? ¿será para cansarse más?”. Su reflexión alcanza al marido de la tía y al contrato de esa pareja:  

Otra cosa bien rara  es que si él reclama ella le contesta siempre. “Voy a conseguir un empleo” Y entonces él dice: “¡De ninguna manera!” y le da más dinero. Para que ella compre más. Y para que se siga cansando. A ver si  algún día puedo entender ese asunto” (p. 24)

Desde otro lugar social, la hermana déspota, presumida y holgazana, encarna una imagen consagrada por los cuentos tradicionales y el mensaje publicitario del consumo, e instalada en el imaginario, la del ascenso social gracias a un matrimonio conveniente:

Esa hermana de la que te hablo es bonita, de verdad, tendrías que verla. No sé qué es más: si bonita o presumida. Imagínate que el otro día me dijo: Soy tan bonita que no necesito estudiar ni trabajar, me sobran los hombres que quieren sostenerme; puedo darme el lujo de escoger. (p. 11)

De estas percepciones y de su propia situación surge en Raquel el deseo de haber nacido niño, que fundamenta de esta manera ante las preguntas inquisidoras de su hermano:

… me parece mucho mejor ser hombre que mujer. (…) Ustedes pueden hacer un montón de cosas que nosotros no podemos. Mira: en la escuela cuando hay que escoger un jefe para los juegos, siempre es un niño. (…)  todo el mundo está siempre diciendo que ustedes son los que tienen que estudiar, que ustedes son los que van a ser jefes de familia, los que van a tener responsabilidades, los que van a tener todo. Hasta para pensar en el matrimonio -¿crees que no me doy cuenta? – Tenemos que esperar a que ustedes decidan. Siempre estamos esperando a que ustedes nos resuelvan las cosas. ¿Quieres que te diga algo? Me parece malísimo haber nacido niña.  (p. p. 14-15)

Por el contrario, es sorprendente la afirmación de lo femenino en la paraguas. Ella defiende su identidad con firmeza, rebelándose a la convención genérica que impone el artículo en masculino para el sustantivo paraguas. De esta manera Bojunga se anticipa a las renovaciones lingüísticas en el terreno de la problemática de los géneros.

Finalmente, de estas y otras confrontaciones a lo largo del relato van apareciendo otras posibilidades de realización humana:  

…cómo disfrutaba ser mujer la mamá de Lorelai; y como disfrutaba Lorelai ser niña. Le parecía que ser niña era tan estupendo como ser niño, ¿y si era verdad? ¿Y si yo podía ser como Lorelai? (p.127)

Es así como en Raquel, el deseo de ser niño va enflaqueciendo hasta que al final vuela, convertido en cometa, junto al deseo de ser grande.

En este punto es adecuado recordar las reflexiones de María Teresa Andruetto (2009: 102) sobre la elección de la voz narradora y la construcción del punto de vista en cualquier narración, cuando dice que el narrador es mucho más que una persona verbal, es la conciencia por la cual transitan los hechos narrados,  con toda su ideología.

En este caso, darle voz a esta niña perturbadora que reclama por una vida mejor para ella y para otros es darle poder para modificar su realidad.

La nueva literatura en valores

Gema Lluch, en su propuesta de análisis para libros infantiles y juveniles (2004), dedica un capítulo a la literatura que educa en valores, recordando que el siglo XIX fue un momento de auge para los libros de finalidad didáctica destinados a los más chicos, con la explícita meta de cambiar hábitos de conducta, en un estilo “directo, sentenciosamente solemne y coercitivo” superado en nuestros tiempos.

Según la especialista catalana, existe actualmente un género derivado de aquel,  que ha dado en llamar psicoliteratura, definida por ella como el conjunto de aquellos libros contemporáneos “cuya finalidad también es transmitir una serie de valores y hábitos de conducta”, inculcando a los lectores “la visión del mundo que los adultos creen adecuada”.  Al igual que aquella producción decimonónica, la actual psicolectura plantea la moralización por vía de la identificación, pero proponiendo en la actualidad recursos como “el humor, la manera indirecta, irónica e involuntaria”. (Lluch, 2003: 141- 142).

La bolsa amarilla responde a la estructura narrativa que observa Lluch en los relatos de este género:

  • Se plantea un conflicto que provoca una situación de angustia vital en el protagonista (Raquel debe esconder los deseos que engordan dentro de la bolsa)
  • Estalla el conflicto y recibe ayuda (los amigos imaginarios de Raquel)
  • La angustia desaparece (los deseos de Raquel van enflaqueciendo y vuelan)

Asimismo, la novela coincide con rasgos que Lluch enumera: limitaciones psicológicas del personaje, denuncia de injusticias sociales, malestares y reflexiones sobre las relaciones familiares, la búsqueda del equilibrio familiar roto y del equilibrio con la sociedad a través de una mejor integración. También está presente el planteo ficcional de un mundo imaginario pero articulado con situaciones reconocibles en nuestra realidad, al igual que una trama apoyada sobre todo en los virajes de la acción más que en las descripciones o el trabajo con el lenguaje.

Y construye una perspectiva desde la interioridad del personaje protagonista, pero al revés de las intenciones didácticas de integrar a los niños y niñas al orden establecido, Bojunga propone una niña subversiva. Y contra la tendencia a la repetición de los productos actuales, la autora brinda un original mundo imaginario, distanciado del lenguaje de los medios y de las reglas del mercado.   

Conclusiones

En la actualidad han transcurrido 25 años desde la Convención de los derechos de niños niñas y adolescentes (1989)  elaborada por representantes de numerosos países en el marco de la Asamblea Internacional de la ONU (Organización de las Naciones Unidas). Sin embargo, en la actualidad muchos padres y educadores todavía ignoran cuáles son los derechos de la infancia.

En las últimas décadas autores y autoras de la LIJ latinoamericana, con distintos grados de explicitación y calidad artística, han tratado este tema.  Bojunga es una de ellos. En la obra analizada, la protagonista reclama varios derechos de la Convención: derecho a jugar, a que se respete su vida privada, a que su familia tenga en cuenta sus intereses, a reclamar por maltratos y ser escuchada, a tener una vida digna y plena, a que sus padres tengan tiempo para dedicarle. [8]

Esta escritora no pretende enunciar verdades universales, pero mantiene viva la llama de José Martí, que en La edad de oro buscaba decirles a los niños cómo es el mundo, y de Monteiro Lobato, que tenía confianza en la capacidad del pensamiento de los más chicos y en el poder de los mundos imaginarios. También escribe una literatura para despertar las conciencias de los mediadores.

En la novela analizada, como en muchas otras obras, se articulan expresión e interpelación, proponiendo la escritura y la lectura como catarsis, como terreno de resolución de conflictos. En otra dirección, ofrece  la  actualización de representaciones sociales de la infancia y sus derechos, también de la familia y de lo femenino.

Al introducir en esta novela comentarios críticos de una niña acerca de su entorno, de los vínculos entre personas y su relación con el marco social, logra relativizar lugares consagrados como exitosos o indiscutibles e introducir la idea de que son posibles otras maneras de actuar. Y su personaje no es una niña pura, representante de una idealización de la infancia, sino una criatura humanizada,  con sus miserias y maldades, sus deseos tremendos.

La autora le permite cuestionar las construcciones asociadas con relaciones de poder del sistema aún vigente en Latinoamérica, para pensar en formas más acordes con una sociedad en progreso hacia la equidad y el bienestar, con esperanza en el accionar futuro de sus pequeños lectores. 

Bibliografía

Andruetto, María Teresa (2009). Una literatura sin adjetivos. Córdoba: ComunicArte.

 Bojunga, Lygia (1976,2011). La bolsa amarilla. Buenos Aires: Norma.

_____________ (1984). ¡Chao! Bogotá: Norma.

_____________ (2011). El sofá estampado. Bogotá: Norma.

Chartier, Roger (2005). El mundo como representación. Estudios sobre historia cultural. Barcelona: Gedisa.

Held, J. (1981). Los niños y la literatura fantástica. Función y poder de lo imaginario. Barcelona: Paidós Ibérica.

Lluch, Gemma (2004). Cómo analizamos relatos infantiles y juveniles. Bogotá: Norma.

Soriano, Marc (2010). La literatura para niños y jóvenes. Buenos Aires: Colihue.

Todorov, T. (1981). Introducción a la literatura fantástica. México: Premia.

Winnicott, D. W. (1971, 1987). Realidad y juego. Buenos Aires: Gedisa

Sobre la autora:

http://www.lecturalia.com/autor/6215/lygia-bojunga-nunes

http://www.imaginaria.com.ar/12/5/bojunga.htm

http://literatura.gretel.cat/sites/default/files/Lygia_Bojunga.pdf

http://www.revistasculturales.com/articulos/33/clij-cuadernos-de-literatura-infantil-y-juvenil/119/1/lygia-bojunga-nunes-la-maga-brasile-a.html

Sobre derechos de niños, niñas y adolescentes:

http://www.me.gov.ar/construccion/pdf_derechos/convencion.pdf

http://www.unicef.org/argentina/spanish/resources_10853.htm.

infoargentina.unicef.org.ar/observatorios-provinciales.html

Prof. Silvia Martínez Carranza de Delucchi

Diplomatura en Ciencias del Lenguaje (IESP Joaquín V. González)

Grupo Espacio de investigación en LIJ (La nube – Infancia y Cultura)

Apéndice 

1- Marc Soriano sobre la cuestión de la familia

Aquí se reproduce la cita completa:

En pocas palabras ¿Cuáles son las mayores faltas que los hijos reprochan a sus padres y que garantizan el éxito de algunos libros infantiles? He aquí un pequeño listado que no pretende ser ordenado ni exhaustivo:

  1. La indiferencia, que puede llegar al rechazo explícito del niño no deseado.
  2. Las preferencias por otro miembro de la fratría.
  3. La falta de contacto físico tierno o reconfortante…
  4. La ironía helada y la burla frente a las manifestaciones de sensibilidad o de sensualidad del niño, que se ve obligado a replegarse en sí mismo.
  5. Una escucha siempre diferida o sencillamente cerrada a lo que el niño quiere decir, en tanto, al mismo tiempo, se lo satura con recomendaciones imperativas (“no hagas esto” “no hagas esto otro”), que le dan la sensación de estar entrando en un universo hostil, donde su deseo se estrellará siempre contra las prohibiciones y de ahí el sentimiento de angustia y inseguridad.
  6. Golpes y malos tratos.

Todas estas conductas acarrean en casos extremos, la fragilidad afectiva del niño, la incertidumbre acerca de su identidad sexual y acerca de su existencia misma. En los casos menos graves el niño reacciona y su crítica de los padres abusivos, a menudo acerba,[9] termina siendo, probablemente, un elemento positivo en el esfuerzo que hace por reencontrar su identidad.

(p. p. 280, 281)

2- Los derechos de la infancia y la adolescencia

En la actualidad contamos con normas internacionales que tienen el objetivo de resguardar a la niñez. Sus antecedentes  se remontan al siglo XIX cuando ciertos pensadores empiezan a pronunciarse contra el trabajo de los niños de familias en estado de extrema pobreza en las fábricas y minas de carbón, y de las niñas esclavizadas en talleres y prostíbulos.

La primera declaración formal se concreta en 1924 en Ginebra con la redacción de Eglantyne Jebb, la que sería fundadora de la organización Save the children. Más tarde, como respuesta a los horrores de la 2º Guerra Mundial, las Naciones Unidas aprueban en 1948 la Declaración Universal de los  Derechos Humanos. Aunque en ella estaba contemplada la infancia, empieza a entenderse su singularidad, por lo que la ONU encarga a UNICEF (Fondo internacional de Emergencia de las Naciones Unidas para los niños)  la continua labor de proteger y velar por las necesidades de niños y niñas en todo el mundo. Es así como por iniciativa de este organismo la ONU aprueba  la Declaración de Derechos del niño  en 1959.

Más tarde, en 1975, el Año Internacional del Niño, se empezaron a discutir nuevos criterios para reconsiderar los derechos, situación que culminó en 1989, cuando un grupo de Estados firmó la convención de los Derechos del Niño. Durante los años siguientes, nuevas naciones fueron firmando esa Convención, que fue actualizada en el año 2000. [10]

 UNICEF realiza un constante monitoreo sobre estos derechos en los distintos países que firman la convención, emitiendo cada cinco años informes que se difunden públicamente, pueden ser consultados en INTERNET y también se editan en papel. [11] Estos informes son examinados por un Comité de 10 expertos elegidos por voto de los Estados Partes y propuestos entre sus compatriotas. La evaluación de los informes, transmitida a cada Estado y a la Asamblea de la ONU, entre otras cosas dan cuenta, por ejemplo, del estado actual de la niñez y la adolescencia en determinada provincia, región o país, las características de la población, las condiciones de vida, cuidados parentales, trabajo infantil, jóvenes en conflicto con la ley penal, acceso a la Justicia, consumo de drogas, entornos de violencia, inversión social y recursos para el desarrollo de la niñez y adolescencia. Los organismos especializados de la ONU (OIT, OMS y otras consideradas competentes como la ONG) [12] pueden ser convocados a asesorar para resolver los problemas detectados.

En nuestro país rigió desde 1919  el Régimen del Patronato de Menores que consideraba a niños y adolescentes objetos de control tutelar y represión por parte de autoridades  e instituciones administrativas y judiciales que, visto desde la actualidad, violaba los derechos de la infancia y la adolescencia. Al firmar Argentina en 1990 la Convención y luego, en 2005, con la sanción de  la Ley Nacional 26.062  de Protección Integral de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes, hay un importante cambio conceptual: estos pasan de ser objetos de tutela a ser sujetos de derecho.

Es entonces cuando el Estado se compromete a desarrollar políticas públicas para la inclusión, protección y desarrollo integral de niños/as y adolescentes, a darles voz y lugar en el escenario de nuestra sociedad, atendiendo a su problemática específica y promoviendo su participación activa en distintos ámbitos. [13]

¿Cómo se concibe la promoción de estos derechos en el terreno de la educación especialmente? Las voces autorizadas que adhieren a esta sintonía coinciden en que el primer paso es hacer efectiva la escucha, cuestión esencial en la estrategia pedagógica del docente, al igual que la apertura constante de espacios para la libre expresión. Igualmente se aconseja a los docentes acudir a los equipos de apoyo (gabinetes psicopedagógicos, orientadores especialistas, etc.) una vez detectado un problema que exceda la contención en el aula.

En nuestro país se cuenta con espacios creados para tal fin, como lo es el Observatorio argentino de la violencia en las escuelas. [14] Internet es una herramienta invalorable para explorar otras posibilidades de consulta en este sentido.

Finalmente, es deber de autoridades y formadores de carreras docentes transmitir información sobre las normativas vigentes y los sitios de apoyo, de manera de contribuir a la construcción de un futuro en progreso para nuestra sociedad.

NOTAS 

[1] En Bertazza, Juan Pablo. “El tiempo recobrado. Entrevista a Ignacio Guido Montoya Carlotto antes de su primer concierto en el Centro Cultural Haroldo Conti”, en Radar, Página 12, Buenos Aires, 28/9/ 2014

[2] Imaginaria reproduce la explicación de la presidente del  jurado: “Cuando Astrid Lindgren murió en 2002, el gobierno sueco creó un premio anual de cinco millones de coronas suecas (alrededor de 616.000 dólares) en su honor y con el objeto de promover la conciencia internacional sobre la literatura para niños y jóvenes, como medio para garantizar, en un contexto global, los derechos de los niños a la lectura y la cultura.” En http://www.imaginaria.com.ar/12/7/destacados.htm

[3] La carta se extravía y el nieto pasa por una serie de situaciones infelices, hasta que sigue, sin saberlo, el camino de su abuela: contra el futuro que había planeado su padre para él (dirigir una fábrica de caparazones de plástico), el armadillo se marcha a la selva a continuar la obra de la abuela.   

[4] Aclaración que hizo Marina Colasanti en el Segundo Conversatorio de las Jornadas internacionales de LIJ 2013 realizadas en el teatro Empire.

[5] Para comprobar el correlato basta con leer la cita completa en Apéndice 1 del presente análisis.

[6] incómoda, áspera

[7] Más adelante aclara: “Se acostumbra a relacionar el género de lo maravilloso con el del cuento de hadas; en realidad, el cuento de hadas no es más que una de las variedades de lo maravilloso  y  los  acontecimientos  sobrenaturales   no  provocan  en   él  sorpresa alguna.”

(pp 39-40)

[8] http://www.unicef.org/argentina/spanish/presentacion.swf

[9] incómoda, áspera

[10] Ver leyes: http://www.me.gov.ar/construccion/pdf_derechos/convencion.pdf

[11] En http://www.unicef.org/argentina/spanish/resources_10853.htm. También en

infoargentina.unicef.org.ar/observatorios-provinciales.html

[12] Organización Internacional del Trabajo, Organización  Mundial de la Salud, Organizaciones no Gubernamentales.

[13] http://www.desarrollosocial.gob.ar/ninez/139

[14] Para más información:

http://portal.educacion.gov.ar/secundaria/programas/observatorio-argentino-de-violencia-en-las-escuelas/

http://observatorio-violencia.blogspot.com.ar/

http://www.me.gov.ar/construccion/pdf_observatorio/violencia_en_las_escuelas.pdf


 NOTA DE LA MEMORIA Y EL SOL: Nuestro agradecimiento a Silvia Delucchi por compartir su trabajo en este blog.◘ AM.

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Un comentario en ““La bolsa amarilla”, de Lygia Bojunga. Una lectura que deja huella, por Silvia Martínez Carranza de Delucchi

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