Una lectura de “Los nombres prestados”, de Verónica Sukaczer

Una lectura de “Los nombres prestados” de Verónica Sukaczer

Alejandra Moglia

 

 Y les sigo contando, porque creo que todos deben conocer esta historia, repetirla para no olvidarla, estudiarla, contársela a sus hijos y a los hijos de sus hijos. Y entonces me digo que por eso escribo, porque la ficción sirve también para recordar, y qué otra cosa puedo hacer, de qué otro modo puedo sumar, si escribir es mi vida. Y entonces escribo…

Verónica Sukaczer

 

La Shoá y la ficción

Este año, el sello editorial Nube de tinta ha publicado la novela Los nombres prestados de Verónica Sukaczer, obra que aborda la Shoá. 

Cuando uno recurre a diversos artículos publicados sobre la Shoá y la literatura, sobre cómo contar aquello que por lo atroz supera los límites del lenguaje, los mismos plantean las diferencias de criterio y opinión surgidas a lo largo del tiempo. Por ello, me basaré en algunas consideraciones hechas por Rosa-Áuria Munté Ramos (2012) quien, en el marco teórico de su tesis doctoral, ahonda en las conceptualizaciones que se han hecho acerca de la Shoá y de la imposibilidad (o posibilidad) de su representación ficcional.

La autora se refiere, por ejemplo, a Wittgenstein y sus reflexiones tendientes a la imposibilidad del lenguaje para representar la realidad y la experiencia propia y a Adorno en tanto señaló que no se puede hacer poesía después de Auschwitz.

En su extenso análisis también menciona a quienes con su obra han dado testimonio del horror como Primo Levi y Jorge Semprún y a otros pensadores que rescatan el lenguaje y la ficción para representar lo sucedido. Cita a Viktor Klemperer para quien la violencia ejercida en Alemania sobre determinados colectivos sociales se ejecutó también sobre el lenguaje. Tanto expresiones sintácticas y de otro tipo repetidas miles de veces como también determinadas palabras aisladas fueron adoptadas de manera mecánica e inconsciente por la población. Al respecto Klemperer señaló lo siguiente:

Las palabras pueden actuar como dosis ínfimas de arsénico: uno se las traga sin darse cuenta, parecen no surtir ningún efecto y al cabo de un tiempo se produce el efecto tóxico.[1]

Para este lingüista, el nazismo generó, entre sus tantos horrores, una perversión del idioma alemán, manifestando que éste debería ser resignificado.

Munté Ramos menciona además a George Steiner para quien, en coincidencia con Klemperer, el idioma alemán no fue inocente a los horrores del nazismo. Para este autor, por ser la humanidad la materia prima de la literatura, ésta última también quedó afectada, haciéndose necesario producir nuevas obras literarias.

Otros autores analizados por Munté Ramos y que valorizan la ficción para contar la Shoá son Lawrence Langer e Imre Kertész.  Langer marca una diferencia entre verdad literal y realidad imaginativa (ficción). La primera tiene que ver con la verdad factual de documentar los hechos que ocurrieron; la segunda consiste en “convertir la verdad literal en una nueva realidad que apele a la habilidad imaginativa del lector”.

Para Imre Kertész, “sólo con la ayuda de la imaginación estética somos capaces de crear una imaginación real del Holocausto, de esta realidad inconcebible e inextricable”.[2]

En coincidencia con los autores mencionados, Jorge Semprún manifiesta que el artificio literario no sólo representa la realidad de la Shoá sino que es necesario para relatar la realidad de lo sucedido en los campos.

En esta línea de autores se inscribe la novela de Verónica Sukaczer. Al final de su libro se incluye un paratexto titulado “Apuntes sobre Los nombres prestados” en el cual cuenta sobre las obras y autores que inspiraron su escritura  como es el caso de Primo Levi, Jorge Semprún,  Ana Frank, Elie Wiesel, Simon Wiesenthal, Annette Wieviorka y Art Spiegelman, y también otras personas, muchas de ellas sus familiares directos amados, que han dado testimonio con sus palabras y silencios de las atrocidades sufridas.

 

Sinopsis

Los nombres prestados cuenta la historia de Nina, una joven argentina que quiere saber sobre su historia familiar para poder contarla y de su abuelo judío quien, llegando al final de su vida, sólo desea morirse sin haber podido narrar el horror sufrido en Alemania y en Auschwitz durante su juventud. ¿Cómo romper ese silencio que desgarra su vida? Sus historias se entrelazan con las de Sara y otros personajes secundarios. Una serie de cartas y un pequeño libro nazi encontrados en la biblioteca del abuelo serán claves para que las palabras salgan a la luz.

 

Seguir contando para no olvidar

Sostienen Cañón y Stapich (2012) que en el marco de la diversidad del campo de la literatura juvenil actual hay obras que ponen en crisis el concepto de deshistorización al que hicieron referencia López y Bombini (1992) en relación a la literatura producida para los adolescentes en los años noventa, en la que una de las características predominantes era la ausencia de un contexto histórico-social determinado. Por el contrario, actualmente en Argentina se producen obras enmarcadas en contextos históricos y sociales determinados en las que además, según las autoras, se hace evidente “una preocupación por cómo se cuenta y no sólo la historia que se quiere narrar”.

Este es el caso de Los nombres prestados, novela en la que la autora despliega sus palabras para contar la Shoá recurriendo a una historia de ficción en la que se destaca su trabajo de escritura que apela a una diversidad de recursos y estrategias que se fundamentan en la elección de las voces narrativas y la caracterización de los personajes, las relaciones intertextuales y el espesor semántico del texto.

El libro está estructurado en 14 capítulos, cada uno titulado con el nombre de un personaje. Cada uno de esos personajes se constituye en el narrador en primera persona del capítulo que lleva su nombre. Es así como, a través de los testimonios de estos narradores cuyos relatos transitan entre el presente y el pasado, entre la Buenos Aires contemporánea y la Alemania nazi, llegaremos a desentramar la historia y conocer la verdad.

A excepción de Nina, los personajes presentados son personas que de pronto vieron sus vidas arrasadas por circunstancias que las superaron y que las puso en disyuntivas complejas y terribles.

Dice Piglia (2012) que “el periodismo (y la no ficción) nos da la vida bajo su forma juzgada, mientras que la literatura, como decía bien Hannah Arendt, nos trasmite la ambigüedad de la experiencia y nos otorga el privilegio de juzgar”.[3]

En esta novela, Sukaczer plantea las terribles disyuntivas que han tenido que soportar algunos de los personajes para sobrevivir y salvar sus vidas, poniendo en evidencia la magnitud de las atrocidades y la perversión que han sufrido los sobrevivientes de la Shoá al punto de sentir vergüenza y culpa por haberse salvado.

 “… escribí mi primera historia que se convertiría en mi primer libro y todo mi ser me dice que esto es una traición, una afrenta a todo lo que significa algo para mí. A mi familia, a mi pueblo, a mi país, a mí misma. ¿Si me siento feliz, querida Ida? No, lo único que siento es una inmensa vergüenza.” (Sukaczer, p. 117)

Por medio de la literatura se visibiliza a los invisibilizados y se da voz a los silenciados. Para que esto suceda, la historia contada debe tener una característica esencial de lo literario: la verosimilitud. Es de destacar el trabajo minucioso realizado por la autora en relación a los datos brindados, a sus lecturas, a las citas elegidas, al recorte y la selección que hizo para que la historia narrada sea verosímil y representativa de lo sucedido.

A esta característica mencionada se suman, además, las múltiples relaciones intertextuales que pueden establecerse para completar los vacíos del texto. En este punto se hace notorio el trabajo que realicen los mediadores para ir completando esos vacíos junto con el resto de los lectores. La lectura de Los nombres prestados abre diversos caminos para acceder posteriormente a otras lecturas de los autores que se mencionan en la novela. Así como los paratextos y las intertextualidades remiten a otras obras que cuentan lo sucedido en la Shoá, también hay muchas referencias a diversos libros y colecciones que se encontraban en la biblioteca de los abuelos de Nina como, por ejemplo, Heidi, Mujercitas, la colección Robin Hood, Las torres de Nüremberg, Facundo, Recuerdos de provincia, entre otros.

Por otra parte, la caracterización de Nina como una joven lectora que quiere ser escritora y que debe vaciar esa biblioteca que marcó su infancia y su vida, abre también las reflexiones acerca de escribir y contar.

“En cambio, el que aspiraba a tener una historia que se le hiciera sangre, el que esperaba y comenzaba a construir desde los cimientos, primero el pozo, claro, y contaba eso que quería contar solo y únicamente porque no podía hacer otra cosa, bueno, esos eran los que merecían llamarse escritores.

Y yo quería ser de esos.” (Sukaczer, p. 13)

En los Apuntes ya mencionados, Sukaczer se refiere a su abuelo quien llegando casi a los 90 años falleció deseando morirse. Este mismo sentimiento de muerte ha impregnado las vidas y las almas de muchos sobrevivientes y también del protagonista, el abuelo de Nina. Si en los vacíos del texto se respira a Primo Levi y a Semprún, en lo personal creo que en el capítulo titulado Marek la autora llega a la máxima expresión en donde comulgan el dolor y la reparación del haber contado con la belleza y la hondura de su escritura.

Esa hondura y belleza manifestada en los recursos literarios implementados para desarrollar la historia atraviesan toda la novela y nos devuelven las voces y los silencios de aquellos que contaron y de los que no pudieron contar para que sigamos contando nosotros.

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[1] KLEMPERER, Victor. LTI. El lenguaje del Tercer Reich. Apuntes de un filólogo. Barcelona: Minúscula, 2001, p.31. Citado por MUNTÉ RAMOS, Rosa-Áuria (2012), p. 77

[2] KERTÉSZ. Un instante de silencio en el paredón, p.66. Citado por MUNTÉ RAMOS, Rosa-Áuria, ob. cit, p. 124

[3] En la entrevista realizada por Natali Schjtman para Página/12.

 

Corpus literario

SUKACZER, Verónica. Los nombres prestados. –Buenos Aires : Nube de tinta, 2015.

 

Bibliografía

CAÑÓN, Mila.; STAPICH, Elena. (2012) Acerca de atajos y caminos largos: La literatura juvenil. El Toldo de Astier, 3 (4), 65-78. En Memoria Académica. Disponible en: http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.5146/pr.5146.pdf

LÓPEZ, Claudia; BOMBINI, Gustavo (1992): Literatura ‘Juvenil’ o el malentendido adolescente. Revista Versiones. Año 1, Nº 1, Mayo, Buenos Aires, Universidad Nacional de Buenos Aires, pp.28‐31.

MUNTÉ RAMOS, Rosa-Áuria. La ficción sobre el Holocausto: silencio, límites de representación y popularización en la novela Everything is Illuminated de Jonathan Safran Foer. Universitat Ramon Llull. FCCB – Comunicación. Disponible en: http://www.tesisenred.net/handle/10803/81073

SCHEJTMAN, Natali. Luz, crítica acción. En Página/12, 26 de septiembre de 2012. Disponible en: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-4793-2012-09-16.html

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