Reseña de “La loma del hombre flaco”, de Laura Devetach con ilustraciones de Jorge Cuello – Alfaguara

La loma del hombre flaco, un canto a las mujeres de agujas tomar  hilvanadas con hebras de libertad

Laura Devetach

Ilustraciones de Jorge Cuello

Alfaguara Infantil

2005

Muchas y diversas son las mujeres que aparecen en la literatura infantil. Muchas son las que realizan tareas históricamente destinadas a las mujeres. Una gran parte de ellas son tejedoras o costureras;  muchas son también las que socavan a las tentaciones de un hombre. Pocas son las que se rebelan y eligen decir “no” a las innumerables ofrecimientos que se les presentan a cambio de felicidad, Una, por nombrar a alguna de ellas,  es la tejedora de Marina Colasanti, quien luego de tejer sin descanso y a pedido de un hombre, incluso luego de haberlo tejido a él, un día decide que tirará de la puntita del ovillo para deshacer todo eso que la oprimía. La otra, que  se acerca bastante a esa tejedora de Colasanti no solo por el tipo de ideales que representa sino por la manera en que opta por el camino de la libertad,  es María María María, también llamada Marí, que es como ella elige ser nombrada.

Marí es una joven costurera, hija y nieta de costureras, que vive en un pequeño pueblo; cuando es pequeña sus padres mueren y entonces Marí es criada por “una abuela entre palabras de yuyos y de agujas”. Luego de la muerte de su abuela, la joven retoma el hilo de la costura y con el tiempo resulta ser mucho más rápida que sus ancestros en ese oficio.

Cierto día, en ese ámbito pueblerino, sorprende a Marí la llegada de un joven de origen italiano llamado Luigi Bevilacqua  quien  “había pasado aquella vieja guerra del 14 cuando tenía diez años y que podía inventar hasta las tuercas” y quien, además, se enamora de la joven.

Con la aparición de este personaje  aparece también un primer indicio de “ruptura” en cuanto a los lugares y roles tradicionales que  deben ocupar los hombres y mujeres en la literatura para niños:  Luigi, quien se fue quedando en el pueblo un poco por no encontrar tuercas para su auto que se había estancado a la vera del camino y otro poco “porque los ojos de María María María lo marearon”,  cierto día decide pedirle a la joven que le achique un pantalón y ella, bajo su principio de “no hay que regalar pescado,  sino ayudar a pescar”, consigue que el joven se siente en una máquina de coser y aprenda el oficio. Luego de un tiempo se enamoran. Hasta ahí, uno -el lector-  puede pensar que se trata de un dato “pintoresco” que hace posible el avance de una bella y tierna historia de amor y que, por lo tanto, todo parecería respetar el devenir tradicional de un cuento infantil sin demasiadas complicaciones y con final feliz..

Sin embargo, de pronto,  ocurre un hecho que permitirá poner de manifiesto cierta manera de proceder de la protagonista y que  replanteará también la cuestión en relación con  los tópicos que deben abordarse dentro de la LIJ.  Al  pequeño pueblo en el que vive Marí llega un viajante forastero que comienza a acosar a la joven para que ella le entregue “cierta aguja enhebrada con cierta hebra infinita”.

Con la aparición de este señor,  y ante las innumerables propuestas que podrían tentar a cualquier joven inocente, Marí decide enfrentársele y opta por el camino que la conduce a la lucha de su dignidad. y que hará posible, entonces, confirmar que la literatura de Laura Devetach no es sólo una suma de historias bonitas y tranquilizadoras sino una inquietante poética que traspasa los límites del terreno de la LIJ para transformarse en una poética de la liberación.

Porque, claro, los personajes de Laura Devetach no respetan los lugares comunes de la literatura infantil y esto es, justamente, lo que la hace única. María María María es una mujer que lucha por sus derechos y a partir de quien es posible pensar  la presencia, dentro del campo de la LIJ, de problemáticas tan complejas como  las vinculadas con  la violencia de género. La novela reproduce de manera acertada lo que ocurre en determinadas situaciones en las que la sociedad se vuelve cómplice del victimario y calla hablando por lo bajo.

El chisme ocupa un rol central, puesto que es a partir de habladurías que este señor comienza a insistir a Marí para que ella le entregue la hebra infinita. De este modo el pueblo actúa, a modo de coro griego,  casi como un personaje más que opina y comenta desde la marginalidad, desde el chisme, volviéndose  cómplice del hombre flaco que ya a esta altura, se sabe, es el diablo. Marí se diferencia del resto del pueblo por su manera de proceder: ella no participa de los chismes,  no espía por la ventana la vida de los demás; ella toma decisiones y actúa. 

Es así como finalmente, rebelándose y organizando al resto de las mujeres que, al parecer son sus alumnas no sólo en la costura sino en la vida, María María María halla la  manera de reivindicarse como mujer libre, y una tarde en la que el viento “hizo revolotear los pequeños hilos que sobraron de las agujas de Marí” y en la que “más de un pájaro con sueño recogió alguno para reforzar su nido”  decide enfrentarse sin miedos al hombre diablo, en ese pueblo por el que también pasó un poeta llamado Juan (que no es otro que nuestro querido Juan Gelman) quien escribió un poema para atar el último hilo de la historia.

María, María María es una mujer que lucha  y eso vuelve a esta novela un canto a las mujeres de armas tomar y hace de la literatura infantil un lugar de resistencia.

Alma Rodríguez

Espacio LIJ La Nube