Reseña de “La plaza del piolín”, de Laura Devetach – Alfaguara

Para que el ovillo no pare de girar

Reseña de “La plaza del piolín”

Laura Devetach

Ilustrado por Nancy Fiorini

Alfaguara

2ed.

2005

ISBN 987 04 0134 2

 

Para Laura Devetach, la vida está pegada al relato y “las palabras están escritas con la tinta de la vida”. Para ella “el arte y la literatura funcionan como otro torrente de sangre” [i]. La plaza del piolín trata justamente de esto: vida y literatura, literatura y vida.

La narradora nos presenta a Celina, una niña que tiene en su bolsillo y ovilladas las calles y la plaza de su pueblo y también se presenta ella, una escritora que “tiene un libro atravesado en la garganta”. Será la mirada profunda de la niña, plena de la sabiduría de quienes pueden mirar la vida desde otro lugar, la que le haga comprender que cualquier punta del ovillo –conformado por hilos, lanitas, piolines, retazos de recuerdos, personas amadas, canciones de infancia tejidos al abrigo de la memoria- puede ser buena para la creación de un relato. Este encuentro entre ambas dispara en la escritora sus propios recuerdos y el deseo de compartirlos con Celina, iniciando un vínculo afectivo y solidario que se irá consolidando y extendiendo a los otros personajes a medida que aparecen en este relato que se construye con procedimientos metaficcionales e intertextualidades  y en el que se revela toda la poética de Laura Devetach, su compromiso y su visión del mundo.

La plaza del piolín se despliega entonces en un caleidoscopio creativo de historias escritas y unidas entre sí por esos hilos y piolines que la van desovillando poco a poco, vivencia a vivencia y que dan cuenta de  la concepción del espacio poético y del “estar en poesía” sostenidos por la autora.

“Ahora veo los limones puestos en rombos, con los zapallos negros, en las verdulerías, y al mismo tiempo escucho el traqueteo del carro y el caballo de Pepi Geromé. Aparecían por la calle de tierra, zarandeando naranjas, morrones, mientras Pepi, con aires de actor decía:

– Siñora, siñorine, non dejen escapare a Pepi, que les trae il sole.”

Su posición sobre la cuestión de género que valoriza y destaca el empoderamiento de la mujer y de la niña se visualiza particularmente en la historia de los Pereyra cuando Eusebio, padre de Celina y Blanquita, se opone a que esta última comience la escuela. Celina y Amanda, su mamá, se enfrentan a él y Blanquita expresa su decisión de ir al colegio al irrumpir en medio de la pelea con un libro y leer algunas palabras. Se genera entonces un momento de desconcierto y profunda tensión.

– ¡Para qué va a ir si ya sabe! Si después pasa algo, de ustedes va a ser la culpa! ¡Callejear, eso quieren!

Pero Amanda no cede y es quien pone fin al asunto:

-¡Abrite la cabeza o perdiste, Eusebio! Lo que va a pasar aquí es que todas vamos a saber leer menos vos, eso va a pasar.”

En ese caleidoscopio de relatos hilados entre sí también se cuenta la historia de Pirulo, otro niño que vive en el edificio y que se acerca a la escritora no sólo para ayudarla en algunos quehaceres sino para confiarle una preocupación: no le gusta leer versos porque en la escuela le hicieron copiar y estudiar un poema de Olegario Andrade. Es magistral la forma en que Laura Devetach plantea su crítica a este modo escolar de acabar con cualquier deseo de leer poesía por parte de los niños y cómo el disfrute de su lectura, el vínculo con la palabra poética nace desde la propia mirada de niño, del juego,  del asombro, del extrañamiento de lo cotidiano, del uso de la metáfora. 

-Vamos, Pirulo, dale que toda esta cocina era un volcán. Lenguas de fuego azules y rojas hacen temblar la montaña.

-¡Necesitamos el agujero, el ojo del volcán! – dijo Pirulo tratando de hacer un círculo con las manos alrededor de la hornalla.

Laura Devetach escribió su texto en 1993. La primera publicación de Alfaguara es del año 2001 y en 2005 se publicó una edición corregida y aumentada. La plaza del piolín pone al descubierto las circunstancias político-sociales padecidas en la década del 90 que llevó a la terrible crisis de 2001 cuya consecuencia fue que un altísimo porcentaje de la población quedara fuera del sistema y en condiciones de extrema vulnerabilidad a la vez que la resistencia se organizaba creando lazos de solidaridad y cooperación mutua entre vecinos. La historia de Sandalio, el guardián de la plaza y su perro Refucilo, la referencia a las patitas de gorrión de los niños que juegan en la calle, la historia de los Sordina visibilizados por los ojos de una escritora que mira a su alrededor desde su sentir y  sus convicciones más profundas,  ponen en evidencia lo sucedido en nuestro país y nos interpela.

La transgresión propia de la autora y que atraviesa toda la obra también se manifiesta en el desarrollo narrativo que está conformado por las historias que reflejan la vida y las acciones de los personajes, unidas por un hilo en común del cual emergen y se intercalan poemas y canciones como, por ejemplo, “El dominó” o la “Canción del mate de leche” u otros relatos como la “Antigua historia de amor del hombre que esperó cien días” o “El huevo y la gallina” en el que Sidonia escribe el cuento del huevo pintado y comienza a preguntarse si primero fue el cuento o el huevo o la gallina.

Desde una mirada hondamente poética, con cálidas pinceladas de ternura y algunas de nostalgia, Laura nos cuenta las historias escritas con la tinta de la vida. Los recuerdos de infancia más queridos y de su Reconquista natal llegan hasta nosotros como otro torrente de sangre que nos atraviesa, nos conmueve y nos convoca a seguir girando el ovillo.

 

Alejandra Moglia

Espacio LIJ La Nube

 

[i]  Devetach, Laura. “Vida, arte y cuentos”. Conferencia de apertura de las Jornadas Internacionales de LIJ 2014 organizadas por Claudio Ledesma y el Círculo de Cuentacuentos. Ver: https://lamemoriayelsol.wordpress.com/2014/05/26/se-realizaron-las-jornadas-internacionales-de-lij-en-buenos-aires/

2 pensamientos en “Reseña de “La plaza del piolín”, de Laura Devetach – Alfaguara

  1. Hola y estoy deseosa de seguir recibiendo el material y por ahí quien lo dice puedo asistir. Sigo leyendo el material y lo releo. Hace casi un año que me jubilé pero no me despegaré de la literatura así que GRACIAS. Abrazos… calurosos. Estela Ré

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