“Andar en Cuentos: escenas de lectura en jardines de infantes”, por Mariana Tomé y María Lefebvre

El texto que sigue fue leído en el marco de las II Jornadas de Literatura para Niños y su Enseñanza que se realizó en octubre pasado en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata y forma parte de las Actas 2016, publicadas en: http://jornadaslpne.fahce.unlp.edu.ar/actas-2016/actas-2016/comunicaciones-2016

Andar en Cuentos: escenas de lectura en jardines de infantes

Lic. Mariana Tomé (UBA)

Profesora en el ISFD Nº 39

Lic. María Lefebvre (CAECE)

Andar en cuentos es un grupo de estudio y trabajo que diseña y lleva adelante proyectos, programas, ponencias, espectáculos y capacitaciones con eje en la literatura para la primera infancia. Esta propuesta surgió entre nosotras en el año 2013, después de cursar el seminario “Leer, jugar y cantar en la primera infancia” con la profesora Lidia Blanco, a partir del deseo de transmitir el gusto por la literatura a los niños pequeños.  Con el paso del tiempo, hemos sumado experiencias en distintos ámbitos como centros culturales, congresos de literatura infantil y escuelas. Además se han integrado al grupo otras personas con diferentes formaciones.

Un recorrido en la formación de lectores

Desde el año 2014 recorremos jardines de infantes provinciales y municipales, ubicados en el distrito de Vicente López (1). Algunos disponen de una biblioteca amplia, con diversidad de libros de calidad literaria, en buen estado; otros, de un espacio propicio para la lectura.  Son de simple o doble jornada.  La población es heterogénea: abarca a niños en situaciones de mayor precariedad y otros cuyos padres -pudiendo pagar la escolaridad- eligen la escuela pública.  La mayoría de los niños vive en las inmediaciones de la escuela, y otros provienen de barrios más alejados.  Hay niños cuyos padres son lectores y niños que no tienen tantas posibilidades de escuchar cuentos en sus casas.  La relación con la literatura es diferente en cada caso. En este sentido, y como señala el Diseño Curricular del Nivel Inicial de la provincia, el docente ocupa un lugar clave en el proceso que implica la formación de los niños como lectores de literatura.  María Cristina Ramos (2012) sostiene que “para dar los primeros pasos y los pasos que siguen, para chicos que cuentan con un entorno lector y para los que padecen un entorno adverso, pauperizado, la escuela sigue siendo una alternativa indispensable y, el maestro, el maestro” (p. 14).  El docente se constituye, entonces, en un mediador entre los niños y la palabra poética.

Creemos que el sentido de la literatura se inscribe en la posibilidad que brinda al ser humano de disfrutar una actividad ancestral, de conocerse a sí mismo y de acceder al mundo de lo simbólico a través del lenguaje.  Esta experiencia de desciframiento y de comunicación puede ser ofrecida a los niños en la primera infancia, como herramienta para que cada uno invente su propia historia.

La literatura es así una experiencia afectiva que reúne a niños y adultos en una confluencia de voces y en un recorrido por los mundos posibles que esperan a cada ser humano. María Teresa Andruetto (2009) se refiere a la literatura como “palabra que llega por lo que dice, pero también por lo que no dice, por lo que nos dice y por lo que dice de nosotros, todo lo cual facilita el camino hacia el asombro, la conmoción, el descubrimiento de lo humano particular” (p. 32).

Una ceremonia en torno a los cuentos

La propuesta de Andar en Cuentos en los jardines ofrece modos de encuentro con la palabra poética, otras voces diferentes a las de los docentes de cada sala.  Esto implica una multiplicidad de miradas y toma en cuenta  el recorrido que hace cada uno de los jardines en este proceso de formación de lectores. Buscamos crear la ocasión para que los niños disfruten de la lectura de cuentos y narraciones desde la primera infancia y para que encuentren en éstos alternativas de expresión, comunicación, placer y conocimiento.  Asimismo, queremos brindar un hecho artístico que acerque a los niños a la experiencia literaria desde pequeños, y tejer en conjunto otro modo de estar en la literatura.

La propuesta se realiza una vez por mes  en cada jardín en un espacio distinto al de la sala, que puede ser la biblioteca o un salón designado para tal fin, luminoso, dispuesto con almohadones en círculo y entre los libros, media hora con cada uno de los grupos. Allí se arma la ronda de cuentos. Consta de tres momentos: un primer momento, de apertura, a través de la lectura de una poesía con kamishibai, o de un juego de dedos, o adivinanzas, retahílas, limericks; un segundo momento de narración de un cuento de autor; y un tercer momento en el que se relata, con títeres de mesa, un cuento de tradición oral.  De esta manera armamos, junto con los niños y sus docentes, un espacio de literatura.  La poesía es materialidad sonora y rítmica, y su musicalidad se remonta a las primeras experiencias con el lenguaje literario. Los cuentos de autor, por su parte, nos permiten ahondar en los estilos de construcción de la trama literaria y ubicar a un escritor como alguien que realiza un oficio con la palabra.  Los cuentos tradicionales llegan de la oralidad y se han transmitido por generaciones; si han perdurado es porque además de entretener son portadores de una antigua sabiduría.  En cuanto a los recursos, el cuento con títeres de mesa facilita al niño estar centrado, calmo y a la vez despierto para la escucha y la imaginación. El kamishibai (“teatro o drama de papel” en japonés) es una manera de narrar las historias, mostrando al mismo tiempo las ilustraciones de los cuentos hechas en papel a través de un retablo de madera.

En este encuentro con la palabra poética, se va generando una ceremonia que se repite una vez por mes, alrededor de estos tres momentos que los niños conocen y esperan.  Como señala Lidia Blanco (2007),

compartir el tiempo de lectura es por sobre todas las cosas un acto de amor y de humanización (…)  Por eso necesitamos, en el jardín de infantes, libros para todos, para los grandes y para los pequeños, y necesitamos también un tiempo generoso para que el ritual se cumpla (p. 69).  

El primer momento recupera la sonoridad de la poesía y el atractivo que tienen los juegos de dedos, tan próximos a los primeros contactos con la literatura y a la memoria afectiva de las canciones tradicionales y de las rimas cercanas a la comida y al sueño.  El segundo momento invita, a través de la narración de un cuento sin el soporte del libro, a ahondar en el propio imaginario para construir los escenarios y personajes de la historia, que son convocados por la voz de la narradora, como también por entonaciones, gestos, miradas, modulaciones.  Mientras tanto, dispuestos para el último de estos tres momentos, los títeres de mesa aguardan tapados por un velo,  con el objeto de favorecer la sorpresa de lo literario. Finalmente, antes de contar con los títeres de mesa, cantamos una breve canción y encendemos una vela, para que el calor de esa pequeña llama nos reúna en torno a la historia, como lo ha hecho el ser humano desde tiempos remotos.  María Cristina Ramos (2012) relata que “en [el fuego] los hombres hallaron el calor y el punto luminoso para sus encuentros.  Tal vez del mismo fuego, de su brasa más honda, nació la palabra” (p. 30). Cuando el cuento finaliza, se canta otra canción, y la vela se apaga.  A menudo, a esto sigue el silencio, un instante de calma entre los niños.

La propuesta se va instalando a lo largo del año en cada uno de los jardines, a los que somos invitadas por las propias docentes o directoras.  La experiencia circula a través de las voces de las maestras, quienes la recomiendan a otras maestras, y así se va ampliando el recorrido en los jardines del distrito.  Cierta vez, una docente que fue llamada a cumplir una tarea administrativa durante la ronda de cuentos manifestó su deseo de postergar esta tarea y quedarse, diciendo “Ah, pero yo no quiero perderme esto…”.  También los niños aguardan los encuentros o nos preguntan, cuando nos ven, por rimas y cuentos que hemos contado en una oportunidad anterior. “Ustedes son las que cuentan cuentos”, dicen los niños al vernos. O: “¿Hoy van a contar con los deditos?”. Nos interesa que la propuesta sea sostenida en el tiempo y que construya una trama compartida entre los niños, los docentes y nosotras.

A modo de conclusión

Este tiempo de espera entre un encuentro y otro, este entrar y salir de los jardines, estos momentos que arman la propuesta, son parte de una ceremonia que se crea cada vez y que nos convoca alrededor del fuego de los cuentos, y acerca a los niños a la experiencia literaria.  Como señala Graciela Montes (1999): “se lee un cuento para habitar, precariamente, ese borde.  (…)… el juego, la literatura, el arte en general están para estar, valen en tanto son construcciones en el vacío, en el fondo son pura pirueta, pura marca” (p. 88).  Una pirueta que dura un instante y que se desvanece, y cuya imagen permanece en la memoria.  Una marca que queda, acaso, en esta etapa fundacional en la relación de los niños con la literatura.  Un recorrido hacia lo poético que se reinicia cada vez, y que invita a los niños a andar en cuentos.

 

Notas

(1) Jardín de Infantes nº 903 “Granaderos de San Martín”, Jardín de Infantes nº 2 “Ada Elflein”, Jardín de Infantes nº 3, Jardín de Infantes nº 6.  Distrito Vicente López.  Provincia de Buenos Aires.

 

Bibliografía

ANDRUETTO, María Teresa (2009). Hacia una literatura sin adjetivos. Córdoba: Comunicarte.

BLANCO, Lidia (2007). Leer con placer en la primera infancia. Buenos Aires: Ediciones Novedades Educativas.

DEVETACH, Laura (2009). La construcción del camino lector. Córdoba: Comunicarte.

MONTES, Graciela (2001). La frontera indómita.  En torno a la construcción y defensa del espacio poético. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

PETIT, Michèle (1999). Nuevos acercamientos a los jóvenes y la lectura. México: Fondo de Cultura Económica.

RAMOS, María Cristina (2012). Aproximación a la narrativa y a la poesía para niños.  Los pasos descalzos. Buenos Aires: Lugar Editorial.

REYES, Yolanda (2007). La casa imaginaria. Lectura y literatura en la primera infancia. Colombia: Norma.


NOTA DE LA MEMORIA Y EL SOL: Agradezco a las autoras la publicación de la ponencia en este espacio. 

Actas de las Jornadas: http://jornadaslpne.fahce.unlp.edu.ar/actas-2016/actas-2016/presentacion

2 pensamientos en ““Andar en Cuentos: escenas de lectura en jardines de infantes”, por Mariana Tomé y María Lefebvre

  1. En nuestro jardín N 925 de Lanús, desde la llegada de los libros de cuentos del Ministerio de educación de la nación, ha tomado relevancia la literatura y cada semana la alegría de compartir la lectura en familia. Hemos realizado diversas actividades alrededor de los cuentos y no se agotan.

    • Hola, Analía, ¡felicitaciones por darle relevancia a la literatura y a los niños! Sin libros no habría posibilidad de conformar una comunidad de lectura en la escuela. Tu comentario da cuenta de que los libros que se enviaron a los colegios se leyeron y se siguen leyendo. Los niños y sus familias los siguen disfrutando.

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